Es posible que mañana muera y en la tierra no quedará nadie
que me haya comprendido por completo.
Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy.
Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla.
Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.

Mijail Iurevicht Lermontov


martes, 12 de julio de 2011

EN BUSCA DE LA REALIDAD (1981)

"El loco". Pintura de Jesús Daniel Collazo

Un día cualquiera, no importa cuál, pasó, pasa y pasará. Mi afán por caminar me llevó a recorrer media ciudad, sin saber adónde ir, ni para qué. ¿Adónde? No sé. ¿Para qué? Tampoco. ¿Por qué? Menos. Creo que buscaba algo, ¡basta de preguntas!, no sé qué carajo era.

Buscaba quizás una respuesta a algo que todavía no sabía qué era. Me inquietó un poco el movimiento de la gente, su forma de actuar. Me preguntaba qué pasaba. Algo anormal..., pero ¿qué? Mi inquietud por saber qué era lo que tenía en mi mente crecía, me molestaba no saberlo, la gente vivía sin estar precisamente en esta vida. Caminaba indiferente a todos los seres que me rodeaban. Todos eran motivo de inquietud, pero yo para ellos, ¿qué era, quién era? Nada, nadie...

Seguí caminando y vi pasar a señor de traje y corbata leyendo el diario. Reía y me inquietó la causa de su risa. Supuse que eran los chistes, el título de alguna película, pero no… Me acerqué y observé que estaba leyendo el precio del dólar. ¿Sería esa la causa de la sonrisa de ese hombre? ¿Una justa causa? Mi preocupación crecía. ¡Qué indiferencia! No pude soportar esa risa y lo ignoré, pero fue peor todavía.

Dos chicas pasaron de repente cerca de mí y quise escuchar lo que estaban hablando. ¿Por qué hice eso? Mi paciencia cayó de pronto en lo más profundo de este mundo, se perdió y no la encontré más. Mis incógnitas todavía no encontraban respuestas. Yo estaba perdido; ellos, inconscientes.

Esa misma noche, agotado, me acosté con el ánimo por los zapatos, muy temprano, y quise buscar una respuesta, pero por suerte —¿o por desgracia?— me dormí enseguida.

Soñé con un mundo que se moría, que estaba en la boca de un enorme inodoro y que alguien quería tirar la cadena, pero otro, no sé quién, se lo impedía. La gente corría de un lado para otro, como hormigas atacadas por un veneno. Y ese veneno era la codicia, el odio, la guerra. También soñé con aquel que tapaba la luz del sol, que no lo dejaba salir, no quería la paz. Ese “Aquel” era la misma Muerte que atacaba por todos lados. Mi mente dormida se entreveraba con la realidad y la fantasía... ¿Fantasía? Se me cruzaron unos pibes de apenas diez años que miraban a su pelota y le preguntaban “¿Qué te pasa?”. Uno de ellos me miró, un poco diabólicamente, y largó una horrenda carcajada.

Desperté transpirado de pies a cabeza y agradecí que solo había sido un sueño pero, ¿hasta dónde podía llegar la fantasía de mi pesadilla?

Un rayo de sol entró por la ventana de mi cuarto e iluminó mi guitarra, que a pesar de estar rota quería sonar. Quise tocar pero no sabía ni las notas del pobre instrumento, que nada tenía que ver con el inmundo mundo en el que estaba viviendo. Pero a pesar de todo, algo inconsciente, la hice sonar: la azoté contra el piso y quedó hecha un desastre. ¡¿Por qué?!

Acaso la locura había llegado a mi mente...

2 comentarios:

  1. Soñaste con un mundo muy parecido a la realidad, a veces. Con la muerte y la pobreza a cada lado, codicia, odios, guerras. Miles de años vividos y poca experiencia, pareciera. Buen texto.

    Te sigo

    Saludos desde Neuquén

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