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domingo, 10 de julio de 2016

Consejos a mí mismo (Luis Carlos Maciel)


Y no tengas miedo de nada.

Cuando tengas la sabiduría más elevada, descubrirás que apenas sabes lo que siempre supiste.

Cuando llegues al fin del camino, verás que siempre estuviste allí.

Cuando te liberes, sabrás que siempre fuiste libre...



Luis Carlos Maciel
("Consejos a mí mismo", Revista Mutantia Nº 4, pp. 52-53)

jueves, 9 de julio de 2015

SILVIO RODRÍGUEZ: Te doy una canción



Cómo gasto papeles recordándote,
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me ve nunca contigo.
Y cómo pasa el tiempo que de pronto son años
sin pasar tú por mí, detenida. 

Te doy una canción si abro una puerta
y de las sombras sales tú.
Te doy una canción de madrugada,
cuando más quiero tu luz.
Te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor,
y si no lo apareces no me importa:
yo te doy una canción.

Si miro un poco afuera me detengo:
la ciudad se derrumba y yo cantando,
la gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.
Creen que lo digo todo, que me juego la vida,
porque no te conocen ni te sienten.

Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar.
Te doy una canción con mis dos manos,
con las mismas de matar.
Te doy una canción y digo: “Patria”,
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo,
como un libro, una palabra, una guerrilla:
como doy el amor.

Silvio Rodríguez


miércoles, 15 de enero de 2014

GELMAN: 1930/2014


El poeta Juan Gelman escribe alzándose sobre sus propias ruinas, sobre su polvo y su basura. Los militares argentinos, cuyas atrocidades hubieran provocado a Hitler un incurable complejo de inferioridad, le pegaron donde más duele. En 1976, le secuestraron a los hijos. Se los llevaron en lugar de él. A la hija, Nora, la torturaron y la soltaron. Al hijo, Marcelo, y a su compañera, que estaba embarazada, los asesinaron y los desaparecieron. En lugar de él: se llevaron a los hijos porque él no estaba. ¿Cómo se hace para sobrevivir a una tragedia así? Digo: para sobrevivir sin que se te apague el alma. Muchas veces me lo he preguntado, en estos años. Muchas veces me he imaginado esa horrible sensación de vida usurpada, esa pesadilla del padre que siente que está robando al hijo el aire que respira, el padre que en medio de la noche despierta bañado en sudor: ¡Yo no te maté, yo no te maté! Y me he preguntado: ¿Si Dios existe, por qué pasa de largo? ¿No será ateo, Dios?

Eduardo Galeano
(Uruguay, 1940)
de "El libro de los abrazos")

lunes, 13 de enero de 2014

JACKAROE


La guerra terminó, sí, pero...
¿Quién despertará a los muertos llorados en los pueblos?
¿Quién devolverá a las madres el beso del hijo
que no ha de regresar más o la esperanza a una novia
que aguarda en vano?

miércoles, 27 de noviembre de 2013

TEOLOGÍA/1



El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por conveniencia y a no hacer el mal por miedo. Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía. 
Han pasado los años. Yo ya no temo ni creo. Y en todo caso, pienso, si merezco ser asado en la parrilla, a eterno fuego lento, que así sea. Así me salvaré del purgatorio, que estará lleno de horribles turistas de la clase media; y al fin y al cabo, se hará justicia. 
Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni en fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de mis prójimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, la propiedad privada que Dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: No codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno... Y por si fuera poco, con premeditación y alevosía he cometido el acto del amor sin el noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el pecado carnal está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignora.

(Uruguay, 1940)


lunes, 16 de septiembre de 2013

RODRÍGUEZ, Silvio: En mi calle


En mi calle hay una acera gris
donde se pegan las miradas
del que mira adonde va.

En mi calle hay un banco que es 
tan largo y blanco como el mármol 
donde iremos a parar. 

Yo no sé por qué son tan blancas 
las altas ventanas que miran al cielo. 
En mi calle el mundo no habla 
la gente se mira y se pasa con miedo. 

Si yo no viviera en la ciudad 
quizás vería el árbol sucio 
donde iba yo a jugar. 

En mi calle de silencio está 
y va pasando por mi lado, 
es un recuerdo desigual. 

Yo no sé por qué estoy mirando, 
por qué estoy amando, 
por qué estoy viviendo... 

Yo no sé por qué estoy llorando, 
por qué estoy cantando, 
por qué estoy muriendo... 

Silvio Rodríguez

martes, 10 de septiembre de 2013

DYLAN, BOB: Blowin In The Wind (Flotando en el viento)


Canción compuesta por Bob Dylan a los 21 años (1962). La poesía y significado de su letra ha hecho que no haya perdido vigencia a lo largo de los años. Y no la va a perder mientras algunos países se sientan dueños absolutos de la paz en el mundo y sigan provocando guerras estúpidas.

¿Cuántos caminos debe un hombre recorrer
antes de que lo llamen "hombre"?

¿Cuántos mares debe surcar una blanca paloma
antes de que pueda dormir en la arena?

¿Cuántas veces más deben volar las balas de cañón
antes de ser prohibidas para siempre?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento...
La respuesta está flotando en el viento...

¿Cuántos años puede existir una montaña,
antes de disolverse en el mar?

¿Cuántos años pueden vivir algunas personas
antes de que se les permita ser libres?

¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza
y fingir que simplemente no ve?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento...
La respuesta está flotando en el viento...

¿Cuántas veces debe un hombre levantar la vista
antes de poder ver el cielo?

¿Cuántos oìdos debe tener un hombre
antes de poder oír a la gente llorar?

¿Cuántas muertes serán necesarias para darse cuenta
de que ya ha muerto demasiada gente?

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento...
La respuesta está flotando en el viento....



domingo, 7 de julio de 2013

RODRÍGUEZ, SILVIO: Esta canción




Me he dado cuenta 
de que miento. 
Siempre he mentido, 
siempre he mentido. 

He escrito tanta 
inútil cosa 
sin descubrirme, 
sin dar conmigo. 

No amar en seco, 
con tanto dolor, 
es quizás la última verdad 
que quede en mi interior, 
bajo mi corazón. 

No sé si fue 
que malgasté mi fe 
en amores sin porvenir, 
que no me queda ya 
ni un grano de sentir. 

(Yo sé que a nadie 
le interesa 
lo de otra gente, 
con sus tristezas...) 

Esta canción 
es más que una canción, 
que un pretexto para sufrir 
y más que mi vivir 
y más que mi sentir. 

Esta canción es la necesidad 
de agarrarme a la tierra al fin, 
de que te veas en mí, 
de que me vea en ti. 

(Yo sé que hay gente 
que me quiere...
Yo sé que hay gente 
que no me quiere...)

Silvio Rodríguez
(de "Días y flores", 1975)

miércoles, 24 de abril de 2013

BENEDETTI, MARIO: Hombre que mira a una muchacha


Para que nunca haya malentendidos
para que nada se interponga
voy a explicarte lo que mi amor convoca

tus ojos que se caen de desconcierto
y otras veces se alzan penetrantes y tibios
tienen tanta importancia que yo mismo me asombro

tus lindas manos mágicas
que te expresan a veces mejor que las palabras
tan importantes son que no oso tocarlas
y si un día las toco es solamente
para retransmitirte ciertas claves

tu cuerpo pendular
que duda en recibirse o entregarse
y es tan joven que enseña a pesar tuyo
es un dato del cual me faltan datos
y sin embargo ayudo a conocerlo

tus labios puestos en el entusiasmo
que dibuja palabras y promete promesas
son en tu imagen para mí los héroes
y son también el ángel enemigo

en mi amor estás toda o casi toda
me faltan cifras pero las calculo
faltan indicios pero los descubro

sin embargo en mi amor hay otras cosas
por ejemplo los sueños con que muevo la tierra
la pobre lucha que libré y libramos
los buenos odios esos que ennoblecen
el diálogo constante con mi gente
la pregunta punzante que me hicieron
las respuestas veraces que no di

en mi amor hay también corajes varios
y un miedo que a menudo los resume
hay hombres como yo que miran tras las rejas
a una muchacha que podrías ser vos

en mi amor hay faena y hay descanso
sencillas recompensas y complejos castigos
hay dos o tres mujeres que forman tu prehistoria
y hay muchos años demasiados años
de inventar alegrías y creerlas
después a pie juntillas

querría que en mi amor vieras todo eso
y que vos muchachita
con paciencia y cautela
sin herirme ni herirte
rescataras de allí la luna el río
los emblemas rituales
los proyectos de besos o de adioses
el corazón que aguarda pese a todo.

Uruguay, 1920/2009

domingo, 10 de marzo de 2013

GALEANO, EDUARDO: El cantor



Cuando Alfredo Zitarrosa murió en Montevideo, su amigo Juceca subió con él hasta los portones del Paraíso, por no dejarlo solo en esos trámites. 
Y cuando volvió, nos contó lo que había escuchado.
San Pedro preguntó nombre, edad, oficio. 
-Cantor -dijo Alfredo. 
El portero quiso saber: cantor de qué. 
-Milongas -dijo Alfredo. 
San Pedro no conocía. Lo picó la curiosidad, y mandó: 
-Cante. Y Alfredo cantó. Una milonga, dos, cien. 
San Pedro quería que aquello no acabara nunca. La voz de Alfredo, que tanto había hecho vibrar los suelos, estaba haciendo vibrar los cielos. 
Entonces Dios, que andaba por ahí pastoreando nubes, paró la oreja. 
Y esa fue la única vez que Dios no supo quién era Dios.


Eduardo Galeano
Uruguay, 1940

"Los hermanos", de Atahualpa Yupanqui

martes, 29 de enero de 2013

NERUDA, PABLO: La timidez


La verdad es que viví muchos de mis primeros años, tal vez de mis segundos y de mis terceros, como una especie de sordomudo.
Ritualmente vestido de negro desde muy jovencito, como se visten los verdaderos poetas del siglo pasado, tenía una vaga impresión de no estar tan mal de aspecto. Pero, en vez de acercarme a las muchachas, a sabiendas de que tartamudearía o enrojecería delante de ellas, prefería pasarles de perfil y alejarme mostrando un desinterés que estaba muy lejos de sentir. Todas eran un gran misterio para mí. Yo hubiera querido morir abrasado en esa hoguera secreta, ahogarme en ese pozo de enigmática profundidad, pero no me atrevía a tirarme al fuego o al agua. Y como no encontraba a nadie que me diera un empujón, pasaba por las orillas de la fascinación, sin mirar siquiera, y mucho menos sonreír.
Lo mismo me sucedía con los adultos, gente mínima, empleados de ferrocarriles y de correos y sus "señoras esposas", así llamadas porque la pequeña burguesía se escandaliza intimidada ante la palabra mujer. Yo escuchaba las conversaciones en la mesa de mi padre. Pero, al día siguiente, si tropezaba en la calle a los que habían comido la noche anterior en mi casa, no me atrevía a saludarlos, y hasta cambiaba de vereda para esquivar el mal rato.
La timidez es una condición extraña del alma, una categoría, una dimensión que se abre hacia la soledad. También es un sufrimiento inseparable, como si se tienen dos epidermis, y la segunda piel interior se irrita y se contrae ante la vida. Entre las estructuraciones del hombre, esta calidad o este daño son parte de la aleación que va fundamentando, en una larga circunstancia, la perpetuidad del ser.
Mi lluviosa torpeza, mi ensimismamiento prolongado duró más de lo necesario. Cuando llegué a la capital adquirí lentamente amigos y amigas. Mientras menos importancia me concedieron, más fácilmente les daba mi amistad. No tenía en ese tiempo gran curiosidad por el género humano. No puedo llegar a conocer a todas las personas de este mundo, me decía. Y así y todo surgía en ciertos medios una pálida curiosidad por este nuevo poeta de poco más de 16 años, muchacho reticente y solitario a quien se veía llegar y partir sin dar los buenos días ni despedirse. Fuera de que yo iba vestido con una larga capa española que me hacía semejar un espantapájaros. Nadie sospechaba que mi vistosa indumentaria era directamente producida por mi pobreza.

(de "Confieso que he vivido", 1974)

lunes, 3 de diciembre de 2012

NERUDA, PABLO: El libro de las preguntas



Dónde está el niño que yo fui,  
sigue adentro de mí o se fue?  

Sabe que no lo quise nunca  
y que tampoco me quería?  

Por qué anduvimos tanto tiempo  
creciendo para separarnos?  

Por qué no morimos los dos  
cuando mi infancia se murió?  

Y si el alma se me cayó  
por qué me sigue el esqueleto? 

(Chile, 1904/1973)

sábado, 29 de septiembre de 2012

Amantes y borrachos...



Que amantes y borrachos irán a los infiernos,
no puede ser verdad, creerlo es imposible;
si van a los infiernos amantes y borrachos,
quedará el paraíso desierto y despoblado.

Omar Jayyama, Persia, s. XI

jueves, 26 de julio de 2012

Ingeniero químico, jubilado y FILÓSOFO



HAROLD SCHLUMBERG. Ingeniero químico jubilado




“Muchos me preguntan qué hacen los ancianos después de jubilados… Bueno, yo tengo la suerte de ser graduado en ingeniería química y una de las cosas que más me gusta hacer es transformar cervezas, vinos y otras bebidas alcohólicas en orina, al cabo de un simple metabolismo renal”.

jueves, 12 de enero de 2012

SER OTRO


No hay ser humano que no quiera ser otro
y meterse en ese otro como en una escafandra
como en un aura tal vez o en una bruma
en un seductor o en un asceta
en un aventurero o un boyante

solo yo no quisiera ser otro
mejor dicho yo
quisiera ser yo
pero un poco mejor

(Uruguay, 1920/2009)