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jueves, 24 de octubre de 2019

ZAFAR



La inevitable e inocente locura que otrora reinó en este lugar se está convirtiendo en una situación provocada ex profeso. Y se advierte sin demasiado esfuerzo. Por ejemplo, lejos se está aquí adentro de utilizar un lenguaje simple e inocente. Se han muerto todas las metáforas y recursos técnicos de los que el lenguaje se vale para cantar la hermosura de las simples cosas. La dureza y frialdad de un lenguaje estructurado —que no requiere cambios ni sorpresas— nos quitan —¿nos matan?— la creatividad innata que llevamos como seres humanos.
Aquí el hombre juzga lo que el propio hombre ha fabricado: la violencia, la maldad, el des-amor, la muerte, la trampa, la mentira. Y así como le ocurrió al doctor Frankenstein, la bestia creada se le ha hecho incontrolable.
¿Qué papel juego —jugamos— en este ambiente trastornado? ¿Cómo sobrevivir al final de la jornada sin pretender, intentar, aunque sea mínimamente, crear una lucecita salvadora ante tanta oscuridad?
En esta selva de papeles y de oídos sordos se vive y se lucha por sobrevivir. Y si bien se afirma que la verdad es la meta a alcanzar, hay que enfrentarse a los vericuetos de un sistema infame que enfrenta a la humanidad, que busca verdades muchas veces contrapuestas y, por ende, falsas las dos. Crisis filosófica que nadie se detiene a analizar en los interminables pasillos de la cotidianidad.
Aquí el sentimiento supremo por excelencia, la libertad, deja de ser un bien natural para convertirse en un estado físico alcanzable pre-castigo. En vez de perseguirse una libertad absoluta, mental y espiritual —esa que se adquiere con mucho esfuerzo pero también por contagio natural—, se lucha, se litiga por una libertad física que nunca se debería haber perdido.
¿Cómo llegamos a este punto de no vivir placenteramente entre los seres queridos con la hermosa locura innata de pretender volar, para estar en este estado de inacción que no nos deja desarrollar como entes inteligentes que somos?
Perdemos el brillo, la luz, la inocencia, ante una realidad grotesca, mundana, inmerecida, en esta jungla en la que protegerse y salvarse parece ser una tarea titánica.

sábado, 10 de octubre de 2015

¿SOY LOCO?



Muy a menudo me suceden cosas que me hacen pensar que me estoy volviendo loco. Esas cosas que están tanto dentro como fuera de mi alcance parecen torturarme, poco a poco me van matando, perturbando... La locura es un estado de la mente que no deja a una persona hacer cosas coherentes durante un tiempo determinado, o infinito, y ahora la estoy sintiendo cada vez más en mí. ¿Estaré loco realmente o será que me quieren volver loco? Trato de reflexionar, de inspirar mis momentos libres en pensamientos que me dejen salir de mi encrucijada, que me orienten. El colegio me parece absurdo, me dan ganas de irme a otro país, un país fantástico, me dan ganas de volar, de correr, de morir. Todo esto me cuestionan. Me dan consejos absurdos. Tratan de convencerme y no lo logran. Y al final me dicen: “Estás loco”. Todo sigue igual. ¿Me aclararon algo? No. Solo me convencieron de que algo de loco tengo. Pero cómo hacer para dejar la locura a un lado y volver a lo que era... Volver a lo que era... ¿Y qué era? Un pobre inocente que se preocupaba por el aplazo en el colegio o por las amonestaciones estúpidas que tendían a corregirnos.
Estoy loco... pero si vuelvo a la normalidad, ¿seré el de antes? Por favor, quiero madurar, quiero creer en algo, en alguien, quiero salir del mundo cruel que nos rodea, y ser feliz, y ser libre, pero ¿para qué? ¿Para que después la ley moral no te deje tener el pelo largo, no te dejen usar barba? ¿Todo eso es libertad? Sí, ya sé, dirán que libertad no es eso, pero mejor, ¡cállense!
Sigo en mi estado de locura sin saber adónde voy, qué hago; estoy perdido. ¡No, no quiero ayuda, déjenme en paz, quiero seguir siendo loco, no me devuelvan al de antes! Estoy loco pero razono. ¿Será esta una verdadera locura?
Estoy loco pero...
                       Estoy...
                                Soy...
¿Soy loco?

viernes, 30 de enero de 2015

QUEDÁNDOTE O YÉNDOTE...


El tiempo hace de los Hombres los que ellos mismos buscan ser. O no…
Algunos buscan durante toda la vida y no encuentran nunca lo buscado.
Otros no buscan ni se esfuerzan en hacerlo, pero igualmente encuentran.
Otros buscan solo lo que creen que pueden alcanzar y basta…
Diferentes son las formas de buscar y de encontrar.
Algunos con solo estirar la mano tienen lo que buscan.
Otros, buscan pero no demasiado lejos.
Otros se lanzan a la vorágine que ofrece el mundo para buscar.
Cada uno busca la manera de alcanzar el objetivo.

* * *

Me fui, no podía quedarme. Mi pasado definía un poco mi futuro. ¿Qué hacer aquí?... ¿Y allá? Al menos lo desconocido, la aventura, las ganas de estar lejos, me ayudaron a partir.

No quise partir. Había estado lejos un tiempo y no lo había soportado. Esa lejanía, por supuesto, no había sido algo deseado. Experiencia traumática lejos de mi lugar, de mi gente. Preferí quedarme. Los sueños “sureños” se fueron al diablo. ¿Vencido? No sé…

Debía estudiar no solo para hacerme un lugar en el mundo sino también para sobrevivir. Miré para atrás y advertí que mi infancia se había perdido en una nebulosa. Lo mediato me indicaba que en mi mente había cosas por resolver y puse manos a la obra.

Te vas a cagar de hambre, me advirtieron cuando dije lo que quería estudiar. No sé si estaba decidido pero esas palabras fueron el incentivo fundamental para no dudar: estudié lo que me gustaba, lo que realmente sentía. ¿Vivir de esa profesión? No. La profesión como afición. ¿Y cómo sobrevivir?

Partí sin dudarlo, con la ilusión joven, hacia tierras extrañas, hacia culturas diferentes. Mi país acababa de salir del infierno y la incipiente democracia no colmaba mis expectativas. Mi título me permitió no solo sobrevivir sino también pensar en un futuro, en una familia, y conocer el mundo. Y no me detuve.

Comencé a desarrollar mi profesión con esperanzas. Pero la vida, que avanza más rápido de lo que uno desea, me hizo buscar otro medio de subsistencia. Mi afición no podía perder su verdadera esencia. No podía permitir que se volviera en mi contra, en mi pesadilla. Y soñé el porvenir.

No fue fácil estando lejos de los afectos, de la tierra madre. Pero los años fueron enseñándome cómo ser feliz. ¿Lo soy? No se es feliz permanentemente. La felicidad se compone de momentos, se hace a pedazos. No puedo perderme esos instantes de felicidad a la espera de la felicidad absoluta, que no existe…

Es cierto que siempre me resistí a las formalidades. Pero la vida te enfrenta a situaciones a las que te adaptás o morís. Fue así como llegué a un punto de mi vida en el que mi actual empleo público me alimenta el bolsillo y mi afición, el alma. Afectos, salud y tranquilidad económica... ¿Conformismo?

Tantos años lejos del país me hacen pensar en muchas cosas. El amor estuvo y se fue. Volvió y permanece… El amor de la descendencia nunca se va y ese es uno de los pedazos de mi felicidad. Me gustaría volver. ¿Para encontrar qué? ¿Para reencontrarme con quién, con quiénes? Te extraño, país de mierda, mi país, al que tanto odio, al que tanto amo. Voy a volver.

Uno piensa en la felicidad, en esa felicidad que sentimos de a ratos pero que nunca se queda definitivamente. Tengo mucho pero siempre falta algo. ¿Están bien los que están a mi lado? ¿Puedo decir que soy feliz mientras hay gente que no lo es? Intento en mi trabajo hacer algo para mejorar pero, ¿lo logro? ¿Es suficiente?

Quizás el regreso cambie un poco mi vida. Quizás en mi mente el pasado olvidado regrese para ayudar a descubrirme y dejar atrás el manto de niebla que hasta hoy lo cubrió. Los afectos que quedaron en aquel tiempo seguramente estarán. La situación del país es mucho mejor de la que dejé años atrás. El amor sigue y seguirá vivo por siempre y yo buscaré encontrar esos pedazos de felicidad de manera más habitual.

Los hijos crecen y uno ve en cada uno lo que entre los dos hicimos. Bien o mal. Pero ahí están, buscando el futuro que ellos mismos eligen. Sigo desde mi puesto público trabajando y desde mi afición, ayudando. ¿Sigo siendo el mismo de aquellos tiempos? “No se arrugó mi alma y eso es lo bueno”...

* * *

Y el tiempo dirá si esos "irses" y esos "quedarses" fueron fructíferos o no, si cumplieron su cometido o no.

Quién puede decir que perdí el tiempo afuera para ahora estar de nuevo aquí. Me fui justamente para eso: para encontrarme, volver y seguir siendo yo. Quién puede decir que perdí el tiempo quedándome aquí, en mi tierra, con los míos y en los míos. Me quedé justamente para eso: para seguir siendo yo.

El pasado quedará plasmado en fotos viejas, en emociones pasadas. Será la base sobre la cual en el presente los hombres deben seguir buscando, eternamente, su razón de ser, “quedándote o yéndote”...

Y deberás plantar
y ver así a la flor nacer
y deberás crear
si quieres ver a tu tierra en paz
el sol empuja con su luz
el cielo brilla renovando la vida

y deberás amar
amar, amar hasta morir
y deberás crecer
sabiendo reír y llorar
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
de ti saldrá la luz
tan solo así serás feliz

y deberás luchar
si quieres descubrir la fe
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
esta agua lleva en sí
la fuerza del fuego
la voz que responde por ti
por mí… y esto será siempre así
quedándote o yéndote.

(L.A.S.)


jueves, 1 de enero de 2015

MARÍA ESTHER


Acostumbro a analizar con mis alumnos las letras de algunas canciones que me parecen interesantes. La elección primera y ejemplificadora corre por mi cuenta. Elijo canciones en cuyas letras puedo encontrar algún mensaje digno de rescatar: historias atrayentes, pensamientos interesantes o palabras placenteras que nos acercan a la poesía. No me circunscribo a ningún género en especial pero tengo preferencias: rock, tango, folclore. Pero para que el análisis se haga atractivo, no puedo dejar de tener en cuenta a los destinatarios fundamentales del mismo: los alumnos. Ocurre que forman un grupo muy heterogéneo: una franja etaria que abarca de los 18 a los 60 años o más, una realidad socioeconómica de lo más disímil y, por sobre todas las cosas, una carencia generalizada y preocupante de análisis y comprensión de textos. Como es de suponer, ante semejante diversidad humana, mis géneros preferidos son insuficientes y los alumnos lo advierten. ¿Y el cuarteto? ¿Y la cumbia? ¿Y la cumbia villera? Escucho, cierro los ojos, cuento hasta diez y suspiro. No simpatizo con ninguna de las tres propuestas, pero hago el desafío: traigan la canción que quieran y, entre todos, analizamos la letra. ¿Y Arjona?, escucho una tímida voz femenina en el fondo. Vuelvo a cerrar los ojos, cuento ahora hasta doscientos cincuenta, lo que me hace recordar que en mis clases propongo siempre la libertad de expresión, suspiro y contesto: si les gusta…
Las letras de las canciones siempre transmiten un mensaje. Bueno o no, mensaje al fin. Pero, ¿qué es lo que pretende su autor? ¿Qué necesidad sintió en lo más profundo de sus sentimientos para escribir lo que escribió? ¿Siente lo mismo un individuo que escribe/canta “Hoy tu pollera gira al viento, / quiero verte bailar. / Entre la gente quiero verte bailar… / Son tantos tus sueños / que ves el cielo mientras te veo bailar” que otro que escribe/canta: “Laura siempre cuando bailás / a ti se te ve la tanga, / y de lo rápida que sos, / vos te sacás tu tanga, / vos te sacás la bombachita, / y le das para abajo / pa' abajo…”? En mi humilde opinión, los sentimientos no son los mismos.
Si el mensaje de una canción logra conmovernos, hacernos pensar, ponernos melancólicos; si ese texto exalta las condiciones del ser humano y hace disfrutar al oyente placenteramente con su significado, podemos decir que estamos frente a un texto poético, que busca el placer espiritual del receptor. La música acompaña de una manera armoniosa.
Pero hay otras canciones cuya letra no ayuda a otra cosa que no sea arrancar una risa grotesca, sarcástica, que causa un falso bienestar pasajero que se termina ni bien analizamos y comprendemos el verdadero mensaje. Muchas veces la agresión, la burla, la discriminación, la violencia de género, son algunos de los temas que tratan. Si no fuera por la música que invita a mover el cuerpo para disfrutar el momento, su existencia sería un verdadero sinsentido.
Y así me pasó con “María Esther”, de los Pibes Chorros, que utilicé en una de mis clases para ejemplificar lo que sostuve en el párrafo anterior. Lean y díganme si tengo o no razón:

María Esther es una piba
que nació para escoger.
Ella es loca por los burros
pero no hay fija que le venga bien.

A María Esther le gusta escoger.
Todos me dicen que escoge bien.
No me digas que vos no sabés
qué escogedora que es María Esther.

¡Ay, María Esther, pará de escoger!
Ninguna fija te viene bien.
¡Ay, María Esther, pará de escoger!
¿Por qué ninguna fija te viene bien?


Palabras y expresiones tramposas, con doble sentido, que pretenden ser graciosas, que no hacen otra cosa que menoscabar la personalidad y dignidad de María Esther. ¿Y quién es María Esther? Sin lugar a dudas este nombre representa a la mujer en general, no a una en especial. La elección del nombre no es casual: rima perfectamente con el único infinitivo que aparece en el texto y que le da el burdo significado a la canción.
Pero no solamente “María Esther” y “escoger” le dan sentido a la letra de este tema. El burro es un elemento fundamental. El tremendo atributo que poseen los burros en el ideario sexopopular parecería que a María Esther no le viene bien…
Debo reconocer que hice escuchar esta canción a mis alumnos en clase (muchos no la conocían) y la primera reacción que tuvieron fue mover el cuerpo al ritmo de la guitarra/escopeta que pretende ser piano. No sé si los convencí o no con mis argumentos, no era mi verdadera intención. Sí quise que supieran por qué no me simpatizan este tipo de canciones.
A mi conclusión no la dije en voz alta, solo la pensé: "Pibes Chorros, dejen de chorear".

Estuve a punto de insertar el vínculo de Youtube de “María Esther” en esta entrada para que la escuchen y vean, sobre todo quienes no conocen el tema. Pero en mi blog solo comparto videos de canciones que me gustan. Si quieren escucharla y conocerla, búsquenla. Ni siquiera el link me atrevo a brindar.

lunes, 6 de agosto de 2012

SOBRE LA INMORTALIDAD





Somos todos inmortales. Ni Gilgamesh, sabio entre los sabios, pastor de Uruk, se lo hubiese imaginado. Si lo hubiese sabido no habría viajado hasta el fin del mundo en busca de Utnapishtim para conocer los secretos de la inmortalidad. Si dejamos a un lado la cuestión religiosa, podemos decir que el Hombre muere en cuerpo y alma, pero hay algo que queda, una esencia, algo nuestro que cuando partimos se va a esperar su turno a un punto indefinido de la galaxia, a un lugar etéreo, o a una estrella, quizás. A un camarín, digamos,  donde esperamos regresar a este mundo material para continuar con la larga historia de la humanidad.
Platón, Heráclito, Tácito y otros tantos intentaron convencer al Hombre con sus teorías. No es este planteo un intento de superación a semejantes sabios, pero tengo mi humilde opinión.
La Tierra es un teatro donde Alguien se divierte haciéndonos actuar. Somos miles de millones de personajes que existimos desde siempre, desde que uno de nosotros tuvo la suerte —¿o desgracia?— de ser el primero. Somos un elenco estable que salimos al mundo a vivir, a actuar, a cumplir una cierta misión, más o menos valiosa, pero una misión al fin. No hace falta que todos seamos genios u hombres ilustres. Si lo fuéramos, sería un caos. La cuestión es que a cada uno le llega su turno, su hora de salir a escena, su papel protagónico.
A ver si se entiende: un día nació —entró en escena—, por ejemplo, Platón. Cuerpo y alma unidos se pusieron a pensar y dejaron un mensaje a toda la humanidad. ¿Mensaje superado? Quién sabe si no fue el mismo Platón —renacido en quién sabe qué otro personaje— el que más tarde se encargó de perfeccionar sus propias ideas… Pero un día Platón murió. Murió para su época, para sus parientes y amigos, y se fue a esperar su turno para volver a uno de los tantos camarines que existen en el universo. Y seguramente volvió, con otro cuerpo, con otra alma, a cumplir un papel diferente. Quizás en este nuevo papel tuvo la oportunidad de leer sus propios pensamientos y se asombró… o no los comprendió y los desechó. Porque cuando volvemos no tenemos memoria de nuestra vida anterior, no sabemos quiénes fuimos… Y pensándolo bien, en buena hora que no lo sepamos.
Por eso sostengo que siempre fuimos unas cuantas miles de millones de almas que hemos sido creadas para formar parte del gran espectáculo mundial. Mientras al principio salieron a escena unos pocos para empezar la historia en determinados envases, nuestro Director de Escena fue advirtiendo que hacían falta más personajes para ir perfeccionando su historia, pero ¡pobre! No advirtió que sus creaturas eran muy peligrosas y difíciles de controlar. Porque los que terminaban su ciclo y se morían (salían de escena), no querían quedarse mucho tiempo en los camarines esperando un nuevo turno. Por eso al Director de Escena se le quemaron los papeles y el libreto debió sufrir grandes cambios. Cuando se vio desbordado por tantos actores, quiso solicitar ayuda, pero a su alrededor solo tenía a sus creaturas. Debió confiar en algunas de ellas para que lo ayudasen, para que sean sus asistentes. Pero pagó caro su propia mezquindad. Al no querer hacerlos perfectos, sus asistentes fueron fácilmente sobornados y dejaron ingresar al mundo a los que más les convenían. Por eso al principio la humanidad era escasa y ahora ya casi ni cabe en el planeta. Nuestro Director de Escena nunca quiso hacer actuar a tantos juntos, sabía que iba a ser difícil de controlar y ahora se defiende como puede.
Me pone la piel de gallina imaginarme en una de las tantas estrellas esperando mi turno. ¿Habré estado esperando junto con Homero, o Nerón, o Napoleón, o Aristóteles, o junto con algún labriego de la Edad Media? ¿Habré sido alguno de ellos en alguna vida anterior? ¿Habré sido famoso y adinerado o un hombre sencillo que solamente quiso ser feliz? ¿O un verdugo de hacha en mano haciendo rodar cabezas o un asaltante de diligencias en el lejano oeste? ¿Habré descubierto la pólvora o algún virus? ¿Habré liberado países, o descubierto continentes, o gobernado reinos en algún remoto lugar del mundo? ¿Habré luchado por la paz o colaborado en destruirla? ¿Habré sido un animal, un lobo o una oveja?
Poca importancia tiene saber qué fui, quién fui. Saberlo le quitaría misterio a la historia. De lo que puedo estar seguro es que en mi otra vida -u otras vidas- debí desempeñar un papel muy importante, protagónico, digamos. Debo haber sido un ser muy influyente en la historia de la humanidad. Debo haber trabajado muchísimo. Si no, ¿cómo interpretar la decisión del Director de Escena de darme descanso con este humilde papel de oficinista de repartición pública que hoy ostento?

domingo, 12 de febrero de 2012

EL LUGAR DE LA POESÍA



Ingresé con ganas. No recordaba cuál había sido el último congreso de literatura al que había asistido.
Hacía tiempo que no regresaba a mi ciudad natal y volver al ámbito universitario me causaba una sensación de extrañeza.
“5º Argentino de Literatura”. 16,30 de un jueves de agosto caluroso, húmedo, atípico. Sin haber recorrido aún las calles de mi añorada ciudad, traspasé las puertas del Foro Cultural y me dirigí a la charla “Paisajes de la poesía argentina”.
Marilyn describió en versos cómo una rodaja de pan con manteca y azúcar ingresaba a su boca y la masticaba. También charló largamente con su gata. Pasaron desordenadamente hojas y hojas plagadas de poemas y deseé que llegara el último. Y, por fin, llegó. Aplausos.
Inmediatamente, Osvaldo ilustró un lugar ausente de sus pagos, con hechos y personajes invisibles (o no), a los que recordaba emotivamente de cuando habían sido verdaderos (o no). No sé cómo ocurrió, pero en ese ambiente pueblerino surgió entre versos una Anchorena y Osvaldo se despidió. Aplausos.
De pronto me encontré escuchando a Sergio, que recitaba versos duros y monótonos sobre puertos, máquinas, fábricas, buques, extrañas letras y palabras, todo muy frío como para intentar dar lirismo a las palabras. Algunos aplausos cortaron, de vez en cuando, la monótona lectura de Sergio. ¿Gustaron más sus versos que los de Marilyn u Osvaldo?
Evidentemente, Marilyn, Osvaldo y Sergio estamparon en los versos SUS emociones, SUS vivencias, SUS convicciones literarias e, inclusive, políticas. MUY SUYAS. Demasiado SUYAS. Tanto, que no las percibí.
No esperé la finalización del debate. Sentí, no sin un dejo de angustia, que esa poesía no ocupaba un lugar en mi corazón. Con un poco de vergüenza, di la espalda a los poetas y salí a la calle. Sentí el bullicio de los autos y colectivos, y sin saber adónde dirigir mis pasos, caminé.
La ciudad volvía a meterse en mi sangre todavía caliente como lo había hecho tiempo atrás, cuando la caminaba sin pensar demasiado, pero sin dejar de soñar.
Observé -y recordé- viejas construcciones, ciertas vidrieras, ahora más coloridas, añoré negocios. Busqué la librería donde compré la mayoría de mis libros de juventud y la encontré con el nombre cambiado. Me crucé con gente, muchísima, de todas las edades y colores, tamaños y vestimentas. Sonrisas y caras serias. Pisé veredas eternamente rotas y volví a escuchar el grito “¡cubaniiitoos!” ya casi borrado en el recuerdo.
Respiré profundo, sonreí y seguí caminando firme por la peatonal en busca de caras conocidas y hace tiempo perdidas. Un cosquilleo invadió todos mis miembros a medida que avanzaba por las calles. Las imágenes de otrora se confundieron con las actuales y lograron una amalgama espectacular que dimensionó todavía más mi sonrisa.
Pensé en la poesía de Marilyn, de Osvaldo, de Sergio. Y comprendí que era allí, en la calle que estaba caminando, en la mirada de la gente, en las viejas edificaciones y en el bullicio de un día cualquiera, donde la poesía cobraba sentido para mí.
Santa Fe, 13 de agosto de 2009
* * *
Escrito luego de asistir a la charla “Paisajes de la poesía argentina” llevada a cabo en Santa Fe el jueves 13 de agosto de 2009 en el marco del “5º Argentino de Literatura” organizado por la Secretaría de Cultura y el Departamento de Literatura de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral.

jueves, 15 de diciembre de 2011

DE REGRESO (O LA JUSTICIA EN EL HOGAR)


pregunto y espero respuestas / palabras/ palabras que mienten / o dicen la verdad / respuesta / escribo / tipeo vocablos / tactactactactactac / excusas / conjeturo farsas / redacto respuestas / indago y mienten / no les creo / lloran y tampoco / me miran / y poco a poco / tactactactactactac / muy lentamente / mehundoenestafríamáquinadeescribir / en una mañana de frío / calor / viento / humedad / humo / café / cigarrillos / tactactactactactac / hambre / sed / hambre y sed... / sed de todo / no sé / excusas / palabras / mentiras / acusaciones / reproches / llantos / discusiones / explicaciones / disculpas / tactactactactactac / perdones / odio / sexo / robo y violencia / estafa / víctima-victimario / sociedad-suciedad / y en el medio / YO / tactactactactactac / quevuelvoacasa / y solo el amor que allí encuentro / me salva

sábado, 10 de septiembre de 2011

CIVILIZACIÓN Y BARBARIE


Acerca de nuestro "gran maestro":
Domingo Faustino Sarmiento dijo acerca de Juan Manuel de Rosas:
“…mitad mujer por lo cobarde, mitad tigre por lo sanguinario…” (Facundo, Introducción).
Cada uno sabrá discernir si fue acertada o no su caracterización, pero adviértase que nuestro “gran maestro” mostró una marcada veta machista (¿o misógina?) surgida desde muy adentro…
Quizás su brillante pelada y su cuerpo lampiño lo hacían mirar con envidia al Tigre de los Llanos, Facundo Quiroga, y en él, a todos los que se le parecían físicamente:
“Hoy, gracias a los caprichos de la moda, no causa novedad al ver hombres con barba entera a la manera inmemorial de los pueblos del Oriente… Un pueblo que habla español y lleva y ha llevado siempre la barba completa, cayendo muchas veces hasta el pecho; un pueblo de aspecto triste, taciturno, grave y taimado, árabe…” (Facundo, Capítulo VI – La Rioja – El comandante de campaña).
Ojo, ciudadanos, con los pueblos de Oriente y sus barbados habitantes. Ya lo dijo nuestro “primer educador”: son todos taimados y, por extensión, lo son también todos los que usan barba completa como ellos, en mayor o menor grado, según el largo. George Bush tuvo de dónde aprender…
Típico de los extremistas, también en nuestro “prócer” podemos descubrir un marcado pensamiento “determinista”, biológicamente hablando. En la correspondencia mantenida con el Gral. Bartolomé Mitre, sostenía sin enrojecer ni siquiera un poquito:
“Quisiéramos apartar de toda cuestión social americana a los salvajes, por quienes sentimos sin poderlo remediar, una invencible repugnancia…”.
“No trate de economizar sangre de gauchos. Éste es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes…”.
Pero volvamos a uno de los considerados hitos de la literatura argentina: “Facundo”. Famoso se hizo el epígrafe que en elegante francés el culto maestro argentino citó al principio de su obra:
On ne tue point les idées – (Fortuol)
Y traduce a continuación —no sé si bien o mal, desconozco el francés—:
A los hombres se degüella: a las ideas no.
Hermoso y significativo pensamiento, si dudas. Pero si alguien pensaba distinto que Sarmiento, si tenía ideas diferentes: ¿qué pasaba?
“No sé lo que pensarán de la ejecución del Chacho (Peñaloza). Yo inspirado por el sentimiento de los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se abrían aquietado en seis meses”. (Cartas a Mitre)
Como dice Felipe Pigna en “Los mitos de la historia argentina”: “Algunas ideas no se matan, otras sí”.
El creador de la dicotomía CIVILIZACIÓN Y BARBARIE asoció el primer concepto a la ciudad, a Europa y sus habitantes, al orden, a la pureza, a la inteligencia, a la persona “de bien”; y en el segundo concepto incorporó al indio, al gaucho, a América y por ende a Argentina —salvo la gente como él—, al desorden, a lo impuro, a la ignorancia, a los taimados.
Luego de hacer una lectura detenida y crítica sobre su legado escrito y citado anteriormente, ¿en cuál de los dos conceptos deberemos incluir el ilustre nombre del “padre de la escuela argentina”?

domingo, 3 de abril de 2011

Y ME DICEN... (1984)


Roger Dean - Demons and Wizzards Wallpaper

Y me dicen que las cosas no son como yo las veo sino como ellos las ven. ¿Y quiénes son ellos que ven mejor que yo? No me dejan creer en lo que yo quiero que exista... ¡Si ellos ni siquiera creen en lo que tienen frente a sus ojos! Cuando voy caminando y saltando entre las nubes, los veo allá abajo, caminando con prisa, con caras largas y encorvados. Yo salto de nube en nube y sonrío.
—¿De qué te reís?
Me miran con odio, con envidia y sigo sonriendo y saltando. Me retan cuando hablo de libertad.
—La libertad no existe.
Sí, existe. Está acá. Y les señalo mi cabeza, mi cerebro, mi mente, mi conciencia. Yo soy libre y lo grito a viva voz. El golpe me hace caer pero solo me duele la cabeza, no mis pensamientos. Al contrario, el golpe no me duele, me alivia. Escucho una canción. Habla el loco con un ave y lloran juntos al despedirse. Los hombres nunca lloran al despedirse después de hablar cinco minutos de cosas importantes. ¿Hablarán de cosas importantes los hombres? Yo soy un hombre y cuando hablo me amordazan. Pero no puedo callarme. Nunca hablé con un ave. Pero sí muchas veces vuelo con ellas. Tantas veces volé con ellas que ya no sé cuántas. No hablamos. El silencio comunica a las aves al volar y yo me sumo a su código. Y es como si nos sintiéramos uno dentro del otro. No sé si en este mundo existen los amigos. Cuando digo las cosas que pasan por mi mente se ríen de mí, me gastan bromas. Y yo divago pensando en mundos que solo existen en mi cabeza. Ellos me agarran y me atan las manos, me clavan los pies a la tierra, vendan mis ojos muy fuerte y dejan mi boca amordazada. A veces, cuando miro el cielo queriendo tocar las estrellas con mis manos, las elevo, señalo, y alguien coloca una argolla en mi dedo. Las sonrisas me dan vueltas pero las carcajadas me desagradan. ¿Qué mejor que una sonrisa adornando un rostro y no una carcajada festejando una broma pesada? Sí, tenemos que reírnos, pero de nosotros mismos; reírnos de nuestras ocurrencias, de nuestros pensamientos. Tampoco me dejan caminar por las paredes ni hacerlo con las manos. Pero yo me escapo, no puedo soportar estar encerrado en una mente cuadrada y limitada. Cuando no quiero estar donde realmente estoy, me voy. Es muy fácil. Basta con cerrar los ojos o perder la vista en la nada y viajar, hacer proyectos, vivir sin trabas, escuchar lo que uno quiere, hablar con quien uno quiera, inventar historias, realizar ideas imposibles, volar... Un cigarrillo, unas copas de vino, soledad... y nada más. Un perro me mueve la cola y con solo una sonrisa me comunico con él. No necesito acariciarlo. Él comprende mi mirada, mi sonrisa, y me sigue. Después me abandona, pero sabemos que la vida es así, aunque de la vida no sepamos nada... ni de la muerte. Todo pasa y todo queda. Me dijeron que era inocente. Mi inocencia me permite ver todavía en los ojos ajenos el dolor o la alegría, me permite saber que bajo el sobretodo de una persona no solo hay un pulóver, una camisa... Es esa inocencia la que me da la posibilidad de que también en mí exista la simpleza de ser un ser humano. ¿Defecto? Corro por las calles interminables que no existen, me meto en la mente de los animales y pienso lo que yo quiero que ellos piensen. Sueño lo que quiero y cuando quiero, y si veo que ese sueño se está pudriendo, lo cambio, lo termino o simplemente lo olvido.
—Sos loco.
¿Y?
—Pensá en algo que te haga crecer, en algo que te ayude el día de mañana a vivir.
¿Mi libertad mental no es importante?
—No te da de comer.
Yo me alimento con la vida, pensando, soñando, hablando, volando...
—¡De un hondazo te van a bajar!
Va a ser el día en que yo ya no tenga nada que hacer dentro de este cuerpo. Ese día voy a morir por dentro. Seguiré siendo el mismo por fuera, el mismo rostro, los mismos ojos —distinta la mirada—, el mismo envase. Pero por dentro voy a estar muerto. Alguien me reemplazará, seguro. ¿Y el de antes? Lejos, muy lejos voy a estar, me quedaré atrás, en el tiempo, y algún alma desdichada me reemplazará. Cuando ese hondazo me derribe, mi inocencia ya no estará conmigo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

GENTE DE MIERDA

Te escuchan atentamente esperando el momento y las palabras exactas en tu boca para decirte que sos un boludo, para hacerte ver cuán equivocado vas por la vida, y te refriegan con una sonrisa en el rostro tus “errores”, esos que ellos descubren pero que vos ni siquiera los considerás tales.
Llegás tarde, unos minutos. Te da bronca porque sabés que los que hacen todo bien y siempre llegan a horario —incluso mucho antes del horario acordado— te esperan, ansiosos, para hacerte sentir una auténtica basura. Y así pasa, no te equivocás con el pronóstico, y cuando llegás, automáticamente todos miran su reloj pulsera y te largan la obviedad: “Llegás tarde”. Masticás un poco tu bronca porque podrían haberse ahorrado el estúpido comentario. No entienden cómo llegás tarde, cuando ellos pueden llegar cuarenta y cinco o cincuenta minutos antes. No entienden cómo vos te levantás cuando ellos ya se tomaron dos pavas de mates e hicieron todo lo que tenían programado para hacer en la mañana. No entienden cómo preferís quedarte en tu casa, con los tuyos, cuando ellos tranquilamente salen (se escapan) de la suya antes del amanecer para no encontrarse con su familia.
No te comprenden.
Su atención está en lo que vos hacés y esperan, impacientes, el momento del error. Ellos te vigilan de reojo y se sienten satisfechos cuando con una sonrisa te advierten el yerro. Ellos no se equivocan nunca, porque nunca hacen nada. Pero si se equivocan, el error no les pertenece; se lo adjudican a otro. Y siguen esperando el tuyo.
Si se enteran antes que vos de una noticia o información “importante” (por ejemplo, qué negocio abrió o cerró en el centro), te lo refregarán en la cara porque ellos saben todo. Si no conocés a fulanito, el esposo de la tarada que vive en frente de la casa roja que está cerca de la casa de mengano, el pelado dueño del restorán X, vivís en una “nube de pedo” y tu vida no tiene sentido. Pero te insisten porque seguro que lo conocés, no podés no conocerlo, no podés ser tan tarado.
Y ojo con portar título universitario. Porque el Dr. Pepe y la Dra. Pepa no saben nada. “¡Profesionales… puaj! Hoy cualquier estúpido se recibe y le dan un título”. ¿Tu hijo sacó mala nota, le pusieron amonestaciones o te llamaron para una reunión de padres? “Docentes y basta. Son todos unos tarados, no saben ya qué boludez hacer. ¡Así está la educación en este país!”. Y te refriegan que ellos jamás fueron a una reunión de padres porque sus hijos eran perfectos… o porque directamente no tienen hijos, pero seguramente no hubiesen ido porque sus hijos hubiesen sido perfectos, o casi. Además, nunca sintieron la necesidad de tener un título universitario… Para ser buenas personas, no es necesario tener uno, aducen con orgullo.
Y son guardianes del orden social. No dan marcha al auto sin antes tener su cuerpo sujetado al cinturón de seguridad. Por su seguridad y la de los demás. Seguro que vos no lo hacés. Clasifican la basura orgánica e inorgánica y la sacan en los días que corresponde, a la hora que corresponde, en la bolsa que corresponde, con el peso que corresponde y la colocan ordenadamente en el canasto, como corresponde. Seguro que vos no lo hacés. Caminan derecho, con la frente alta, seguro de sí mismos (no con las manos en los bolsillos y sin apuro) y jamás cruzarían una calle si no es por la senda peatonal de las esquinas. Vos jamás lo hacés ni lo harías. Tienen los impuestos abonados al día y no cometen infracciones. ¿Vos los pagás? ¿Usás casco cuando vas en moto? Después no te quejés cuando te hagan la multa. ¡Bien puesta estará! Condenan a los que consumen alcohol (sean mayores o menores de edad) y opinan/dictaminan a qué lugar pueden ir, a qué hora entrar, a qué hora salir, cómo ir vestidos y cómo comportarse en el interior del lugar. Festejan por cada clausura de bar, confitería bailable, pub o cualquier lugar donde la juventud se junte a divertirse. No soportan la alegría ajena.
¿Gastaste mucha luz? ¡Y si tus hijos están todo el día con la computadora encendida! ¿Mucho gas? ¡Si no hace frío! No entienden cómo podés tener los calefactores encendidos todo el invierno. ¿Hacés baldear la vereda de tu casa en los días y horarios no permitidos? Piensan en denunciarte, seguro, pero se conforman con martirizarte: “Cuando en el verano no haya agua, ya sé de quién me voy a acordar…”, te refriegan en la cara.
¿No te alcanza la plata? ¿Cuánto ganás? ¿En qué la gastás? ¿Cómo puede ser? ¿No llevás un control? ¿Cuántas veces vas al supermercado en una semana? Hay que ir solo los viernes, o los jueves, un solo día a la semana. Si vas todos los días, obvio que no te va a alcanzar la plata. ¿Para qué comprás comida hecha? Además, si salís a comer afuera, después no te quejés.
Te quejaste del calor, o del adoquinado, o del tránsito. O se te ocurrió manifestar un sentimiento de melancolía por extrañar tu ciudad natal. Lo hiciste inconscientemente pero de corazón. Inmediatamente sonríen, se refriegan las manos con ganas y con el tonito más hiriente que pueden encontrar, te la mandan a guardar sin anestesia: “¿Por qué no te volvés a tu ciudad, que allá está todo lindo? ¿Qué hacés todavía acá?”.
Son todas personas correctas, a no dudarlo. No dudan en decirte “salud” apenas estornudás; no discriminan jamás, son “derechos y humanos” (aunque esta ciudad se llenó de villas miserias; en el centro está lleno de negros y no se puede caminar tranquilo; los que vienen de afuera hicieron crecer la inseguridad; la culpa es del gobierno porque les da casas; estamos trabajando para usted…); jamás se olvidan alguna pertenencia en su lugar de trabajo ni dejan pasar ningún compromiso por alto: está todo debidamente agendado.
Se alegran cuando llueve, pero que no caiga tanta agua porque eso le hace mal a la soja, y además, con mucha agua en el piso no se puede cosechar. Y en épocas de sequía viven con la cara larga, preocupados. Seguramente se va a perder la cosecha. Y ni hablar del precio de los tractores, de los insumos y de los impuestos que deben pagar los dueños de la tierra. No son dueños de la tierra y nunca lo serán, pero hay que ver lo solidario que son con esas pobres personas...
Viven pendientes del servicio meteorológico, esperando eternamente que llueva en época de sequía o que salga el sol en épocas de lluvias. Nunca están conformes y siempre esperan el cambio de luna para que se produzca alguna modificación en el tiempo. O para cortarse el pelo. Si el cielo se pone negro, trae piedra: si está rojizo, viento. Si el viento es del oeste, trae lluvia; si es del sur, frío; si es del norte, calor; si es del este, peste. No obstante ello, el 95% de sus predicciones son incorrectas.
Y cuando después de pensar y pensar en todo esto no abrís la boca, estás ensimismado, te machacan que sos un aburrido, mala onda y “¡siempre con la misma cara de culo!”. Cuando hablás se sorprenden: “¡Ah! ¿Te despertaste por fin?”. Y querés mandarlos a la remierda pero te aguantás, ahorrás saliva y no desperdiciás tu atención en ellos, por eso seguís guardando silencio y pensando que querés vivir tu vida con quien vos realmente querés vivirla, la vida que vos querés y elegiste vivir, lejos de esa gente de mierda.