La escritura es una actividad solitaria. Quien escribe no hace otra cosa que gritar en silencio. A veces logra que alguien lo escuche, pero no siempre que lo entienda (fideo)
lunes, 12 de noviembre de 2012
7 - AÑO NUEVO... ¿VIDA NUEVA?
domingo, 4 de noviembre de 2012
sábado, 29 de septiembre de 2012
Amantes y borrachos...
sábado, 8 de septiembre de 2012
LEÓN GIEGO: UN DÍA BALTASAR
Dice Baltasar que tiene que cuidar
cien gallinas, diez caballos,
treinta vacas y sembrar...
Dice Baltasar: "¿Por qué trabajo tanto,
si al final me estoy muriendo
de tanto trabajar?".
Pero un día Baltasar escribió sobre un galpón
unas frases muy cortitas
que decían lo siguiente:
"Las tierras deben ser del que las siembra,
porque yo estoy dando todo
y hay quien se lo lleva.
Esto es para usted, señor patrón,
y cómo va a conocer su campo
si está sentado en un sillón con su esposa
mirando televisión".
Pero un día Baltasar se fue sin avisar
y cuando estaba ya muy lejos
se dio vuelta, por mirar,
porque escuchaba un ruido extraño
y no sabía que podía ser,
y eran todos los caballos, todas las gallinas,
mariposas blancas, los gorriones y las vacas
que seguían por detrás a Baltazar...
León Gieco
sábado, 25 de agosto de 2012
6 - ¡FELIZ NAVIDAD!
lunes, 6 de agosto de 2012
SOBRE LA INMORTALIDAD
jueves, 26 de julio de 2012
Ingeniero químico, jubilado y FILÓSOFO
martes, 17 de julio de 2012
LA RENGA: BALADA DEL DIABLO Y LA MUERTE
Estaba el Diablo mal parado
en la esquina de mi barrio,
ahí donde dobla el viento
y se cruzan los atajos.
Al lado de él estaba la Muerte
con una botella en la mano,
me miraban de reojo
y se reían por lo bajo.
Y yo que esperaba no sé a quién,
al otro lado de la calle del otoño
una noche de bufanda
que me encontró desvelado.
Entre dientes, oí a la Muerte
que decía así:
Cuántas veces se habrá escapado,
como laucha por tirante
y esta noche que no cuesta nada,
ni siquiera fatigarme,
podemos llevarnos un cordero,
con solo cruzar la calle.
Yo me escondí tras la niebla
y miré al infinito,
a ver si llegaba Ese
que nunca iba a venir.
Estaba el Diablo mal parado,
en la esquina de mi barrio,
al lado de él estaba la Muerte,
con una botella en la mano.
Y temblando como una hoja,
me crucé para encararlos,
y les dije: Me parece que esta vez
me dejaron bien plantado.
Les pedí fuego y del bolsillo
saqué una rama pa' convidarlos,
y bajo un árbol del otoño
nos quedamos chamuyando.
Me contaron de sus vidas,
sus triunfos y sus fracasos,
de que el mundo andaba loco
y hasta el cielo fue comprado,
y más miedo que ellos dos,
me daba el propio ser humano.
Y yo ya no esperaba a nadie,
y entre las risas del aquelarre
el Diablo y la Muerte
se me fueron amigando,
ahí donde dobla el viento
y se cruzan los atajos,
ahí donde brinda la vida,
en la esquina de mi barrio.
Siempre escuché decir de la “Balada…” que es un tema que hace apología del consumo de drogas (“saqué una rama pa’ convidarlos”). Creo que quienes lo dicen —inclusive muchos jóvenes— nunca se detuvieron a analizar tranquilamente sus versos, sus metáforas, el significado connotativo que tiene esta canción. Cansa un poco escuchar que porque en una canción suenen palabras como "porro", "faso", "merca", "rama", "yuyo" o directamente cocaína o marihuana, se está invitando a toda la juventud a probar, a consumir. Pienso exactamente alrevés de los que así opinan. Intentaré explicar por qué.
El barrio es uno de los elementos más sensibles del rock nacional, sobre todo en aquellos grupos que se formaron y crecieron en él (los que al principio fueron llamados “under”, cuando no habían llegado todavía a ser medianamente conocidos).
El barrio es el lugar donde se desarrolla la historia de la “Balada...”, en una esquina cualquiera (“ahí donde dobla el viento / y se cruzan los atajos”), indeterminada, pero tan importante como cualquier otra. En calles por las cuales la voz poética espera su destino, desorientado, una noche fría, de insomnio. Esta primera persona podría representar sin mayores esfuerzos de imaginación a todos aquellos jóvenes –y otros no tanto- que atraviesan momentos de incertidumbre y deambulan por la calle –por la vida– buscando su propia identidad. Y no es casual que en esas circunstancias se “encuentre” con estos dos personajes por de más simbólicos.
Cada oyente de la canción –cada lector de su letra– podrá imaginarse una escena muy particular, parecida o diferente a la que imaginó quien la escribió, o a la de otro oyente –o lector–. Se podrá imaginar un escenario: una esquina cualquiera de barrio en una noche fría de otoño, con neblina, en horas de la madrugada –esto significa solitaria, silenciosa, oscura, sin movimiento– (“una noche de bufanda / que me encontró desvelado”). Se podrá imaginar también al personaje que narra la historia de mil maneras diferentes, una por cada oyente o lector, caminando solo, con sus manos en los bolsillos, cabizbajo, meditabundo, cuestionándose sobre su presente, sobre su futuro, sobre la incertidumbre de su propia vida.
¿Y por qué hablar de cuestionamientos interiores acerca de su propio ser? ¿Quién es ese “Alguien” a quien está esperando cuando de pronto se le aparecen el Diablo y la Muerte? (“Y yo que esperaba no sé a quién”), ¿quién es “Ese” al que espera ya casi sin esperanza? (“a ver si llegaba “Ese / que nunca iba a venir”), ¿quién no concurrió a su encuentro? (“me parece que esta vez / me dejaron bien plantado”), ¿por qué en ningún momento lo nombra?
El encuentro con el Diablo y la Muerte no es casual. Bien hubiese podido encontrarse con un amigo, con la policía, con un borracho o con una patota. Pero se encontró con estos personajes, contraposición segura de aquel a quien estaba esperando: quién otro sino alguien que lo salvara de su incertidumbre pasajera (o no). ¿Por qué aparecen justamente el Diablo y la Muerte, típicos conceptos religiosos, en una canción de rock? Porque la mística siempre ha formado —y forma— parte de la mente joven. El Diablo es el Mal y se presenta como la antítesis del Bien; y “al lado de él estaba la Muerte”, concepto que contraponemos a Vida, como si la muerte fuera peligrosa, como si no fuera algo natural.
Esa noche seguramente no era una noche optimista para el protagonista. A la espera de "Alguien”, se le aparecieron de repente dos personajes asociados a las tinieblas —recordemos que la acción transcurre de noche, hace frío y la soledad es total—. ¿Se los hubiese encontrado un día de sol, en momentos en que en la calle la gente abunda, o si hubiese estado acompañado de algún amigo y en estado de tranquilidad con su alma? Seguramente que no. Los estados de ánimo nos llevan a pensar de determinada manera, a imaginarnos en determinado lugar y a encontrarnos con determinados personajes.
La idiosincrasia de la primera persona hace que al principio se sienta incómoda, temerosa. Como se dijo, el Diablo y la Muerte se asocian a la idea del Mal, y escuchó a la Muerte hablar con el Diablo sobre él: estaba indefenso (“podemos llevarnos un cordero”). Sintió miedo, desesperación. Deseó que llegara “quien debía llegar” y se escondió. Pero tal presencia nefasta le hizo recobrar confianza, perder el miedo, y ante la imposibilidad de evitarlos, los enfrentó: compartió con ellos un cigarro (la famosa “rama”) y comenzaron a conversar.
El Diablo y la Muerte se brindaron a nuestro personaje con confianza y seguridad. Le plantearon su visión sobre la realidad del mundo, la del hombre, la de ellos mismos. Fue una estrategia inteligente. Poco a poco el miedo se fue perdiendo y se convirtió en confianza, en comprensión, en afinidad. Y en esa misma esquina de barrio, donde al principio el Diablo estaba “mal parado”, ahora nuestro personaje se une a ellos en la creencia de haber encontrado el sentido de la vida, lejos de los hombres, lejos de Aquel que nunca llegó, que nunca lo escuchó, que nunca se interesó por él.
Tranquilamente se puede atribuir a esta canción un significado simbólico: El hombre, en un estado de incertidumbre, de debilidad sentimental, busca nuevos caminos, busca una razón de vida, y lo hace donde puede hacerlo, en el lugar que tiene más a mano, a la hora que puede y como puede. Dependerá de diferentes factores el resultado que obtendrá.
Y aquí radica mi planteo por el cual rechazo que este muy buen tema de nuestro rock pueda llegar a tomarse como una incitación al consumo de drogas: ¿si hubiese encontrado a alguien de confianza, a un amigo, a un pariente, a alguien que lo salvara de la soledad, se hubiese encontrado con el Diablo y la Muerte?
domingo, 8 de julio de 2012
TRABAJO INDIGNO
viernes, 22 de junio de 2012
Deja que entre el brillo del sol
jueves, 14 de junio de 2012
5 - GUARDIA IMAGINARIA

martes, 5 de junio de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
CONTRASTES ONÍRICOS
viernes, 20 de abril de 2012
NO LAS COMPARO

miércoles, 11 de abril de 2012
4 - DESTINO Y COMPRENSIÓN

Hijas, esposas, hermanas,
cuantas quieren a un varón
díganles que esa prisión
es un infierno temido
donde no se oye más ruido
que el latir del corazón.
Martín Fierro
Habían llegado a la Base Naval Puerto Belgrano pero ese no era su destino. Lo habían destinado a la Base de Infantería de Marina Baterías, unos cuantos kilómetros más adelante. Cuando llegaron, el lugar no le disgustó. Era una pequeña ciudad bien arreglada y con muchos árboles. Pero no se veía otra gente que la que ya estaba cansado de ver: conscriptos y militares. Pronto se dio cuenta de que esa pequeña ciudad bien arregladita a la que había llegado no era otra cosa que un infierno más al que había descendido vestido de verde camuflado.
Al llegar a la Base se encontraron con otro grupo de conscriptos, pero estos ya estaban vestidos con ropa de gente normal. Ellos llegaban serios, cansados y con miedo a un lugar en el que ni sabían quién mandaba. Los otros se iban, habían cumplido ya con sus catorce meses y la alegría les brotada de sus gestos. Se escucharon risas, burlas y un coro que no entendían: cola-cola-cola. Los recién llegados sintieron bronca y envidia a la vez. Bronca por esas burlas absurdas que les hacían los que se iban, que seguramente también habían sido burlados cuando recién llegaron a ese lugar, y no se daban cuenta de que mientras ellos pasaron catorce meses ahí adentro, sufriendo, llorando, quizás muchos eran sobrevivientes de Malvinas, los que recién llegaban habían estado tranquilamente en sus casas. Pero esa actitud es muy comprensible cuando una persona vuelve a sentirse libre luego de pasar un tiempo oprimida sin poder defenderse. Se necesita descargar tensiones después de un tiempo en que solamente los nervios se acumulan al cuerpo. Actitud comprensible... Cualquier actitud o cosa es comprensible ahí adentro, donde nada se comprende.
lunes, 12 de marzo de 2012
PASTORAL: Aquí Luis
miércoles, 7 de marzo de 2012
SANTAFESINOS



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