Es posible que mañana muera y en la tierra no quedará nadie
que me haya comprendido por completo.
Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy.
Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla.
Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.

Mijail Iurevicht Lermontov


lunes, 27 de diciembre de 2010

DICIEMBRE, ESE MES DE CONTRADICCIONES


Llega diciembre, como todos los años. Uno pasa once meses peleando con la vida que lo sorprende día a día con experiencias distintas. Once meses trabajando de sol a sol, estudiando libros y más libros, haciendo negocios —buenos, mediocres o malos—, sacrificándose para vivir o sobrevivir, especulando, amando, perjudicando al prójimo… Once meses. Cada uno en lo suyo y como puede hasta que llega este conflictivo diciembre.
Algunos comienzan a planear sus vacaciones y otros comienzan a maldecir al mundo porque no las tienen. La mayoría comienza a desear que el año venidero sea mejor que el que está terminando, pero a ninguno se le ocurre pensar que la que debería ser mejor para que las cosas cambien es la propia gente. Año nuevo, vida nueva… Tarjetas, mails, mensajes de texto, dan vuelta por el mundo con eternas frases hechas, con fríos deseos de paz y prosperidad.
Para muchos, diciembre llega cargada de emociones y esperan ansiosos el momento de la celebración de una nueva Navidad. Son miles y miles de corazones católicos en el mundo entero los que se preparan para tan especial ocasión. Y es aquí cuando ocurre algo curioso…
La tradición juega un papel más importante que la religión y parecería que los miles de católicos del mundo se convirtieran en millones, en varios millones. No son solo aquellos que viven los trescientos sesenta y cinco días del año su religión con verdadera fe; a ellos se le suman todos aquellos que son indiferentes a estas festividades y que no encuentran durante el año una mejor ocasión para reunirse con todos los familiares y amigos y dar grandes banquetes y “festejar” así el acontecimiento…
¿Quién podrá juzgar dicha actitud? No yo, justamente. Es que el hombre necesita no solo una Navidad sino también un Año Nuevo para olvidarse un poco de todo lo que trae durante el año cargado en su espalda. Broncas, cansancio, deben ser expulsados, y las fiestas de fin de año son la gran ocasión. Comer hasta decir basta, tomar todo el alcohol posible, hacer explotar hasta el último petardo en una larga noche de verano. Olvidarse por unas horas de la realidad. Todos, sin distinción de clase, de idioma, de color, de ideología, de religión…
¿Qué significa ese “feliz navidad” que nos murmuramos al oído al hacer chocar las copas llenas de sidra helada o champagne, que jamás faltarán en las mesas a pesar de todo?
Así como existen frases hechas en las tarjetas navideñas, también existen en nuestro vocabulario de ocasión. Feliz Navidad dice uno que jamás pisó una iglesia ni rezó en su vida una oración, a otro que más o menos sabe el significado de la fecha pero que en ese momento solo piensa en su copa de sidra o en el pedazo de turrón que mastica con dificultad. Feliz Navidad le dice el creyente al ateo, y éste, absurdamente contradictorio, le contesta “gracias, igualmente”.
Vale reconocer que el ser humano es un cúmulo de contradicciones. Inconsciente a veces, pero en la mayoría de los casos nos damos cuenta de que el oportunismo y el provecho propio juegan un papel preponderante. Si no, miremos a nuestro alrededor. Los oscuros negocios parecen revivir en diciembre. Arbolitos navideños que se arman el día 8 comienzan a brillar con sus luces intermitentes y sus serpentinas y algodones que simulan nieve en un verano de cuarenta grados a la sombra, alegran vidrieras pitucas y casas de todos los barrios. Reaparece Papá Noel, absurdamente abrigado en una peatonal que hierve, y regala golosinas mientras promociona jugueterías o bazares ante la mirada inocente de los más pequeños. ¡Ay, colonización! Miramos por el cubo idiotizante imágenes de otro hemisferio con Santa Claus en su trineo que viaja cargado de regalos por paisajes helados, montañas nevadas, mientras ni la toalla de mano ni el ventilador de techo logra impedir que el sudor recorra nuestra frente… ¿Cuándo será el día que aprendamos a festejar lo que se nos antoje pero de acuerdo a nuestra realidad, a nuestra identidad?
No es mi deseo hacer una crítica destructiva. Y si de contradicciones hablo, aporto la mía. Quiero que de una vez por todas el hombre, sobre todo el de nuestra Patria Grande, sepa y comprenda por qué levanta su copa o por qué le desea la felicidad al otro. El católico con su Navidad y sus creencias en el corazón. El que no lo es, con su corazón puesto en los demás. Festejemos, sí, ¿por qué no? Y brindemos por un mundo mejor, por un ser humano mejor, por un futuro que nos permita ser felices. Si realmente sentimos el “feliz navidad”, digámoslo con orgullo. Y si no, levantemos la copa igual y sumémonos al deseo de felicidad del mundo entero.
Llegará el día en que los hombres, sean de la religión que fueren, podamos decir con orgullo: “Ojalá que el año que viene sea igual al que pasó”. Y no decirlo solo en Navidad o Año Nuevo, sino cada vez que dos copas se levanten, con sidra, champagne, vino, cerveza o agua, para brindar por lo que sea.

sábado, 11 de diciembre de 2010

DÍA NACIONAL DEL TANGO





POR QUÉ CANTO ASÍ

Pido permiso, señores,
este tango habla por mí,
y mi voz entre sus sones dirá
por qué canto así.


Porque cuando pibe
me acunaba en tango la canción materna
pa' llamar el sueño,
y escuché el rezongo de los bandoneones
bajo el emparrado de mi patio viejo.


Porque vi el desfile de las inclemencias
con mis pobres ojos llorosos y abiertos,
y en la triste pieza de mis buenos viejos
cantó la pobreza su canción de invierno.


Y yo me hice en tangos,
me fui modelando en barro, en miseria,
en las amarguras que da la pobreza,
en llantos de madre,
en la rebeldía del que es fuerte y tiene que cruzar los brazos
cuando el hambre viene.


Y yo me hice en tangos porque... ¡porque el tango es macho!,
¡porque el tango es fuerte!,
tiene olor a vida,
tiene gusto... a muerte.


Porque quise mucho y porque me engañaron,
y pasé la vida masticando sueños.
Porque soy un árbol que nunca dio frutos.
Porque soy un perro que no tiene dueño.
Porque tengo odios que nunca los digo.
Porque cuando quiero me desangro en besos.
Porque quise mucho y no me han querido.
Por eso, canto tan triste...
¡por eso!


Celedonio Esteban Flores
(1896/1947)

miércoles, 8 de diciembre de 2010

JOHN LENNON: LAS IDEAS DE UN “LOCO” (08/12/80: a 30 años de su desaparición)

JOHN LENNON
En el comienzo de la década de los ’80 los trágicos caminos de los grandes hombres marcaron los márgenes sobre los cuales la zona se convertía en peligrosa o restringida.
El asesinato de John Lennon, como el de Marvin Gaye a manos de su propio padre en el ’84, o el de Peter Tosh en 1987, conformaron de alguna manera las excepciones de una regla que en definitiva los encerró como mártires impotentes de un destino creado a partir de su dimensión.
Cuando Mark Chapman descargó todas sus balas en el cuerpo de Lennon, la historia de uno de los más grandes creadores y revolucionarios —tanto con Los Beatles como en su carrera solista—, encontró una vuelta de tuerca impensada que provocó una impresionante reacción ante la artera arbitrariedad de un fanático. En un instante el mundo se quedó sin John Lennon.
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Pretender ser libre en el mundo actual es una verdadera locura, sobre todo cuando se pretende cambiar una mentalidad aferrada a intereses materiales e individuales.
Denle una oportunidad a la paz fue una de las consignas usadas por John Lennon en su incansable lucha por un mundo mejor y sin odios. Fue un verdadero "loco" que combatió contra un mundo en crisis, donde la guerra parecía la única posibilidad de entendimiento.
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Feliz Navidad, la guerra ha terminado, cantaba al mundo entero como deseo de frenar de una vez por todas una lucha estúpida del hombre contra sí mismo.
Cantó su filosofía de amor por todo el mundo, enfrentando con sus ideas a los cuerdos que hacían oídos sordos a toda propuesta que no satisficiera sus intereses personales. El "loco" jamás hizo política: él sólo creía en la paz.
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Nuestra lucha ha sido una lucha por el amor y para ser amados, declaraba al periodismo haciendo referencia al objetivo que tenía junto a Yoko. Con su mujer habían logrado una síntesis que ambos habían estado buscando antes de conocerse. Mi manera de ser y mi amor-amor-amor, y su forma de ser y su paz-paz-paz, decía Lennon al hacer referencia a esa relación.
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Pero los "locos" nunca ganan y sucumben en manos de los que nunca los entendieron. Lennon cayó con el pecho destrozado a balazos, al igual que Mahatma Gandhi y Martin Luther King, dos predicadores incansables de la no violencia. Paradójica casualidad que nos lleva a pensar seriamente en la realidad del mundo que nos tocó vivir.
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No quiero volver a vender mi alma como antes para tener un disco que sea un éxito, manifestó alguna vez haciendo referencia sin duda a su pasado con The Beatles, el grupo que lo llevó a la fama junto con Paul Mc Cartney, George Harrison y Ringo Star. Lennon sabía que se podía vivir sin lo plástico y ser feliz sin traicionar su verdadero yo. Supo reconocer que como beatle trabajó junto a sus compañeros como una máquina, produciendo discos incesantemente sin importar lo demás, ni cómo era tu vida familiar o cómo te iba en la vida, pues todo eso no contaba, uno tenía que producir esas canciones, fuera como fuera. Y eso no podía seguir. Y quizás fue esa la razón por la cual estos cuatro grandes de Liverpool decidieron abandonar los escenarios.
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El grupo The Beatles llevó a la fama a sus cuatro integrantes, pero John y Paul fueron los que más trascendieron luego de la separación. John fue quien trascendió con más fuerza a la inmortalidad. ¿Por su muerte violenta? ¿Por su condición de líder de grupo? Sí, pero también por no haber traicionado una forma de vida muy particular, signada por ideales fuertes basados en la libertad, la paz y las ganas de ser él mismo. Una forma de vida que hoy casi resulta utópica.
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John Lennon no fue sólo música. Este "loco" significó y significa mucho más para varias generaciones que lo disfrutaron y aún siguen escuchando sus discos. Su música no es hueca, no es vacía. Sus letras son poesías que contienen mensajes claros y significativos que hacen poner piel de gallina a todo aquel que las escucha o lee.
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John Lennon hoy es ya una leyenda, un mito, como lo son también Gandhi y Luther King. No es tiempo de lamentaciones, pero sí sería válido que tratemos de rescatar su mensaje. ¿Serviría de algo? ¿Le sirvió a Lennon ser como fue? Él sabe que no fue en vano luchar por un ideal de amor y paz. El mundo sigue igual o peor que antes, pero mientras haya alguien que piense como él, mientras haya vida —como decía John— hay esperanza de cambiar. El camino es largo y duro. Quién sabe qué generación podrá ver el mundo que Lennon soñó...
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En el último reportaje hecho a Lennon, horas antes de ser asesinado, decía que esperaba morir antes que Yoko, porque si ella muriese yo no sabría cómo sobrevivir. No podría seguir adelante. El destino complació a este ídolo, pero demasiado temprano.
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Ojalá que muchos hombres en este mundo sigan llevando las ideas de este "loco" en su corazón.
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(Artículo publicado en la Revista del extinto diario "HOY EN LA NOTICIA" de Santa Fe, el 4 de diciembre de 1988 -¡hace 22 años!-, donde por entonces trabajaba como corrector)