Es posible que mañana muera y en la tierra no quedará nadie
que me haya comprendido por completo.
Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy.
Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla.
Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.

Mijail Iurevicht Lermontov


lunes, 22 de marzo de 2010

24 de marzo: ¡MEMORIA!

CELEBRACIÓN DE LA AMISTAD 1
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En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre.
En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...
—Llave, por llave —me dice Mario Benedetti.
Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.
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Eduardo Galeano (Uruguay, 1940)
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sábado, 20 de marzo de 2010

¿POR QUÉ ME DEJASTE?

El espejo falso. 1935. René Magritte.
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No lloré. No lo hice porque a pesar de mi corta edad comprendí que todo debía ser así. ¡Pero cuánto dolor! Me dejaste solo en este mundo traicionero con mis alas recién desplegadas. Apenas si me preparaste para seguir. No encontré ni encuentro consuelo. ¿Por qué me dejaste? Recuerdo que cuando te tenía sonreía constantemente. No me interesaba más que tu propio mundo, ese pequeño mundo en el que yo era feliz. Pero te fuiste. Ya tus ojos hermosos no me miran, tus brazos no me protegen. ¿Dónde escuchar tus suspiros? ¿Cuándo recibiré nuevamente tus besos? Jamás. Me dejaste sin avisar y si bien ni una lágrima se desprendió de mis ojos, fue porque realmente me la aguanté y me la sigo aguantando.
Ayer, no hace mucho, cuando todavía corrías conmigo por las calles del barrio, creía que siempre me sentiría seguro. No entendía el porqué de la tristeza, de las lágrimas, del dolor. Fue ayer. Pero hoy comprendo que no todo es hermoso en la vida. Aprendí que estar solo, sin vos, es peligroso. Aprendí que no puedo dejar que los otros se me acerquen con tanta facilidad. Aprendí a hacerme valer y me sentí mal porque vos nunca me lo habías enseñado. Renuncié —tuve que renunciar, te juro que me obligaron— a muchas cosas que vos me inculcaste. Esas pequeñas cosas que parecen insignificantes pero que tanto valor tienen. Y me doy cuenta ahora, ahora que ya no las tengo...
¿Por qué me habrás dejado tan rápido? ¿Qué apuro tenías? ¿Acaso no te agradaba mi compañía? Cuántas cosas quedaron en el tintero... Cuántas preguntas no hechas, cuántos consejos no escuchados, cuántas palabras no dichas ni oídas. ¿Me seguirás acompañando desde donde quieras que estés? Yo te sigo recordando y creo que eso me sirve para sentir que todavía estás conmigo. Sabrás que me cuesta olvidar todo lo pasado. ¿Cómo olvidarme del barrio, de los amigos, del fútbol, de la bicicleta? ¿Cómo olvidarme de aquella niña que me dijo que me quería y yo no supe qué hacer? Ah... Esas pequeñas cosas...
El grabador suena y por suerte la música me trae todos los hermosos recuerdos de aquellos momentos cuando todavía estabas conmigo. ¿Te acordás? ¡Cuántos sueños! Soñábamos que éramos los integrantes de ese famoso grupo de rock y que el público enloquecía con nuestra música. O que éramos los goleadores de nuestro equipo de fútbol favorito y la hinchada nos ovacionaba en cada partido. ¿Y cuando defendimos a esa chica de una patota y recibimos como premio un beso en la mejilla? ¿Te acordás? ¡Cuántos sueños compartidos! Y ahora ni siquiera puedo soñar. Ya no estás y estoy muy desorientado. Estoy perdido y no logro entender todavía la propuesta de este mundo loco y más perdido que yo.
Sé que no debo llorar y no lo hago. Sabía que esto algún día iba a pasar... y pasó. Ya no te tengo. Y la vida no espera. Sé que tengo que seguir, seguir solo, sin vos. Más que saberlo, me resigno. No lo comprendo. ¿Por qué me dejaste tan temprano? ¿Por qué no pudiste seguir conmigo, vivir conmigo, morir conmigo? No, no lo comprendo. Pero no te guardo rencor, Inocencia, sé que no es tu culpa.

PASTORAL: Me desprendo de tu vientre