Es posible que mañana muera y en la tierra no quedará nadie
que me haya comprendido por completo.
Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy.
Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla.
Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.

Mijail Iurevicht Lermontov


miércoles, 5 de enero de 2011

UN CAMBIO AFORTUNADO


Fue una pérdida muy grande, no lo voy a negar. Pero tenía que hacerlo, no tenía otra alternativa. Sí, es verdad, fueron muchos años compartidos y en realidad no había lugar donde yo no la llevara. Tuve que aguantar las cargadas de mis amigos porque —decían— no me separaba de ella en ningún momento. Algo de razón tenían, pero… Fueron muchos años, estaba acostumbrado a su presencia, pero eso no podía hacerme pensar demasiado. Creo que hice bien en dejarla. Con ella no iba a encontrar la felicidad.
Fue una relación muy linda pero poco a poco todo se fue desmoronando. Me di cuenta de que ella no era la única en el mundo y empecé a prestar mayor atención a todas las que a mi lado pasaban. Noté que eran mucho más elegantes, estilizadas, modernas. Al ver esas bellezas, sentía un poco de vergüenza al estar a su lado. Vergüenza y rabia a la vez. ¿Por qué seguir con ella si no me sentía cómodo?
Mi desilusión se hizo notar paulatinamente. Comencé a salir más solo, y con ella de vez en cuando. Y cuando lo hacía, trataba de ir a sitios donde la gente no me conociera tanto. Estoy seguro de que ella se daba cuenta. ¿Pero qué podía hacer, pobre, ante mi actitud? Sé que le hice mal, y mucho, pero estaba en juego mi felicidad. Y la de ella también. Porque al final de cuentas estar con alguien que no la quiera, que no la aprecie, solo le acarrearía disgustos. ¿O no?
Nunca le dije por qué. En realidad ella nunca supo mucho porque soy de poco hablar. Un día empezamos a salir juntos y otro día se terminó. Nada más. ¿Qué le podía decir yo? Entre nosotros había un silencio divino que nos comunicaba. Las reacciones y los movimientos eran nuestro lenguaje y le puedo asegurar a quienquiera que nos llevábamos muy bien. Nos necesitábamos. Ella no podía existir sin mí y yo no podía estar sin ella y quizás esa haya sido una de las causas de mi agotamiento y de mi decisión de dejarla. En realidad todo cambió muy rápido. Repito y no me avergüenzo al decirlo: fueron las demás las que me hicieron dejarla. Era la envidia la que me partía el alma cuando veía a los otros con tantas de ellas paseando a mi alrededor…
No voy a negar que fue difícil. Me costó mucho tomar la decisión. ¡Pobre! Sabía que le iba a hacer daño al dejarla. Pero si no lo hacía, al daño me lo iba a provocar yo mismo. ¿Tratar de hacer que ella cambie? No. ¿Para qué? No hubiésemos ganado nada. Cambiar una careta por otra no hubiese sido la solución. Yo también quise cambiar. Si así estoy bien y soy feliz…
Mis viejos me preguntaron una y otra vez por qué. Ellos también se habían encariñado con ella y no comprendían mi actitud. No supe explicarle muy bien el porqué, pero luego de una larga historia —mitad verdad, mitad mentira— logré convencerlos de que eso sería lo mejor para mí. No obstante, todavía no pueden olvidarla y de vez en cuando —más de lo que considero necesario— se encargan de recordármela… Para se sincero, recordarla me produce un poco de nostalgia, pero el tiempo se encargará, como lo hizo con tantas otras cosas, de ir borrándola poco a poco de mi mente y de mi corazón.
Muchos no entienden mi actitud. ¿Por qué se meterán en mi vida? Cuando se deja de querer algo es mejor abandonarlo. La quise, pero ya no la quiero. ¿Por qué seguir fingiendo algo que ya no existe? Diría Neruda: “Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise”. O “De otro, será de otro”… ¿Y qué le voy a hacer? Si yo renuncié a ella tiene todo el derecho de buscarse otro. Después de todo… yo ya tengo otra.
Nunca me animé a decirle que la dejaba por otra. Habrá sido para no lastimarla, porque cuando la dejé reconozco que todavía la quería. Pero no podía ser así. Preferí poner otras excusas. Que quería estar un tiempo solo. Que quería sentirme independiente. Que no quería hacerle mal mintiéndole. Y tantas cosas más…
No fue fácil. No decir la verdad me hacía mal, pero creo que lo que hice fue lo mejor. Algún día alguien me juzgará.
Ella seguramente se sintió mal porque me necesitaba. No sé si todavía me recordará. Espero que no. Sería lo mejor porque ¿para qué seguir sufriendo toda una vida? Trato de olvidarla aunque todavía guardo unas cuantas fotos en donde estoy con ella en tiempos felices. Quizás solo queden como un lindo recuerdo de un tiempo pasado del que no me arrepentiré, a pesar de todo, de haberlo vivido.
“Uno nunca sabe si un recuerdo es algo que tiene o algo que perdió”, se plantea Woody. Pero el tiempo pasa y con el tiempo las personas van cambiando. Cada uno hace cuentas y ve viejos sueños realizados que quizás nunca los hubiese podido concretar de haber seguido como antes, en una actitud contemplativa. Quizás nunca me olvide de ella. Pero no puedo seguir llorando algo lindo que pasó y que no podía seguir.
No sé para qué estoy escribiendo esto, no sé para qué diablos me va a servir. Si me ayudara al menos a… Espero que no me guarde rencor. Yo sé que ella va a ser feliz con otro. Al menos ese es mi deseo. Sí, ella va a saber olvidarme. Yo no soy el único que la hubiese podido hacer feliz. No soy perfecto ni el mejor, lo sé. Y me gusta saberlo. Solo quiero que ella sea feliz.
Ahora tengo otra. Más elegante, más graciosa. Me hace sentir bien porque tiene una gracia sin igual. Además creo que ella también se encuentra a gusto conmigo. No digo que sea mejor, pero a veces es mucho más práctica. Se hace más fácil de sobrellevar. Además sé que me va a acompañar adonde yo quiera.
Sinceramente la otra era más pesada y le costaba seguirme el ritmo. A mí también me costaba llevarla. Con esta no me pasa lo mismo. Es mucho más decidida, más atrevida, y me sigue en todas mis locuras. Nos llevamos muy bien. Todavía me falta conocerla un poquito más, pero sé que va a ser fácil, no lo dudo.
Es una todo terreno con cambios. Me siento más libre. Con la de paseo me costaba pedalear y pedalear cuesta arriba y cada vez se me hacía más insoportable. No me arrepiento de haber hecho el cambio. Con mi actual bicicleta ahora soy feliz.