Es posible que mañana muera y en la tierra no quedará nadie
que me haya comprendido por completo.
Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy.
Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla.
Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.

Mijail Iurevicht Lermontov


sábado, 9 de abril de 2016

SUEÑO DE LIBERTAD

Fotografía tomada en la plaza Eva Perón el 9 de abril de 2016
(Bº Central Córdoba, Rafaela, Santa Fe)

Siempre soñé con escaparme algún día. Llevaba una vida muy monótona en este barrio, en esta ciudad, en este bendito país, en este pequeño mundo que no me dejaba volar ni echarme a andar. Era imposible seguir aguantando. Fueron muchos años los que estuve amoldándome a mi esencia, haciendo lo que tenía que hacer, cumpliendo con el mandato natural que me tocó en suerte sin que nadie reparara seriamente en mi existencia. Creo que siempre fui el mismo, nunca me traicioné ni traicioné a nadie. Brindé mis brazos a todos los que me necesitaron. Ofrecí resguardo sin mirar a quién. Fui testigo y hasta protagonista de amores intensos y desgraciados. Disfruté observando cómo la niñez corría tras una pelota desinflada, día tras día. Acompañé a los chicos que andaban en bicicleta y tenían que terminar huyendo del placero que los corría con el rastrillo en la mano, amenazante. Pero no podía seguir siendo el mismo. No podía resignarme a vivir una vida contemplativa y llena de quietud. No soportaba seguir inmóvil ante un mundo vertiginoso y cambiante. Sabía que no iba a poder soportar toda una vida en el mismo lugar… y me decidí. No fue fácil, es cierto. Tuve que esperar el momento indicado. Tardó mucho en llegar ese día pero cuando me di cuenta de que la hora había llegado, salté… O intenté hacerlo. Quise huir, olvidarme de mis raíces y empezar a recorrer el mundo como siempre lo había soñado. Pero fue inútil. No lo logré. No me dejaron. Los que siempre hicieron todo lo posible para que yo cumpla con mi destino natural, al ver que ya no quería estar más acá, al advertir que quise escapar y levantar vuelo, me lo impidieron. Me lo prohibieron. Y me cortaron las alas, me cercenaron los sueños, me mataron en vida… Y aquí quedé, más solo que nunca, esperando desaparecer de esta sociedad que nunca me permitió soñar.

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