Es posible que mañana muera y en la tierra no quedará nadie
que me haya comprendido por completo.
Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy.
Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla.
Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.

Mijail Iurevicht Lermontov


viernes, 14 de mayo de 2010

LA LLEGADA DE DON MIGUEL

Dibujo y grabado de Miguel de Cervantes
G. Gómez Terraza y Aliena
Valencia, 1877


Cuando abrí la puerta luego de haber escuchado esos tres golpes secos y decididos, lo vi frente a mí, inmóvil, inmenso, todopoderoso, con sus ojos clavados en los míos, fulminantes. No hablaba. Solo me quemaba con su presencia espectacular. Retrocedí unos pasos ante el destello de los pocos dientes que le quedaban. Observé cómo esos labios paspados se iban separando lentamente y supe de inmediato que había venido a decirme, sin vueltas, lo que nunca hubiese querido escuchar.
Sabía que algún día vendría, pero no lo esperaba justo esa tarde en que me encontraba lidiando con los personajes de una novela que intentaba continuar escribiendo de una buena vez por todas. Ya me lo había advertido tiempo atrás, cuando lo soñé tan imponente como lo estaba viendo ahora. En aquella oportunidad, minutos antes de dormirme, había terminado de escribir uno de los que yo considero mis mejores cuentos. En el sueño no había sido tan directo como lo fue esta vez: solo me lo había advertido.
Intenté cerrarle la puerta en la cara, quise gritarle que me dejara en paz, que no lo necesitaba ni quería escucharlo, pero el esplendor de su imagen me inmovilizó, me ató de pies y manos, y ni siquiera tuve fuerzas como para darme vuelta y salir corriendo.
Pensé en cómo continuar mi novela, en qué destino les iba a dar a Laura y a Juan. Sabía que yo no era quién como para disponerlo y sospeché que él me había venido a orientar. ¡Qué lejos estuve entonces de saber la verdad!
Fueron unos pocos segundos pero me parecieron siglos. Qué incómodo me sentí, nervioso, minúsculo, insignificante. Y aunque ya lo había visto en sueños, personalmente me sorprendió. Su imagen brillaba en ese pasillo apenas iluminado.
Bajé la vista, me aflojé y me resigné a escuchar sus inminentes palabras. Tardó en decirlo. Primero suspiró y lo miré a los ojos. Me pareció que su mirada había cambiado; ahora expresaba algo de lástima. Pensé en Laura, en Juan, en mi novela inconclusa... Y por fin me lo dijo:
—¿No os parece que vuestro destino no es la escritura? —me insinuó, compasivo, don Miguel de Cervantes Saavedra.

3 comentarios:

  1. Qué encuentro más interesante, Felis. Qué irrespetuoso ese hombre, ¿quién se creyó que era? ¿El autor del Quijote?, jaja.
    Muy bueno!!!

    Cariños!

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  2. quizás tardó en llegar pero lo importante es que seguro llegó en el momento justo.
    y yo Apareciando por aqui, felis y feliz de hacerlo. un fuerte abrazo

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  3. Qué suerte la tuya, menudo visitante. Eso sí, impresionar tuvo que impresionar lo suyo. Interesante y original texto; me gustó mucho.

    He visto que te has hecho seguidor de mi blog de fotos, y te lo agradezco porque eso me ha hecho encontrar el tuyo, con el que he disfrutado al leerte. Me iré pasando.

    También me entró el gusanillo por escribir hace un par de años, te dejo el enlace a mi blog de relatos, por si quieres echar un vistazo. http://ladarsenademargarita.blogspot.com/

    Un abrazo,

    Margarita

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