Es posible que mañana muera y en la tierra no quedará nadie
que me haya comprendido por completo.
Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy.
Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla.
Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.

Mijail Iurevicht Lermontov


martes, 4 de mayo de 2010

TANGO

"La habitación de Vincent en Arlés"
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No estás.
Te busco y ya no estás.
Qué largas son las horas
Ahora que no estás...
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Julio Sosa canta y yo escucho atentamente la letra del tango que me hace pensar en mi propia realidad.
El tango, ese sentimiento triste que hace muy poco descubrí y me identifiqué con él, con su música, con su poesía, con su esencia. Lo siento como recuerdos, dolores propios o ajenos, así como lo sentía el gran Discepolín. Porque en mi mente ahora hay un recuerdo que no me deja dormir. Mi obligada siesta en esta calurosa ciudad ya no es necesaria. O sí. Pero es imposible. El ventilador no puede alejar las ausencias del alma. No puede. Y mis ojos inmensamente abiertos miran el techo gris de la habitación tratando de descansar. Intento no pensar. Porque me siento incompleto, porque veo todo gris —techo, cielo— y no puedo dejar de contar las horas cada vez más largas. Necesito recobrar lo perdido. Necesito cambiar el color de mi rostro, de mi alma. Necesito no perder más horas siesteras llorando recuerdos, ausencias, soledades. Necesito hacer de la felicidad una realidad.
Estoy solo y nadie me mira. ¿A quién le importa hoy mi situación? La habitación está triste. Julio Sosa no termina de llorar penas. El ventilador no logra calmar mi calor. Todo está oscuro y apenas puedo ver lo que escribo. El tiempo no pasa y vivo eternamente este presente insoportable, el único día, el de la soledad. ¿Quién me dice dónde está ella? Una eternidad sin verla, siglos sin escuchar su voz, ni una sola carta diciéndome aquí estoy. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Ni siquiera se imagina que estoy pensando en ella, que hoy, con mis ojos que no quieren ni pueden cerrarse definitivamente, la estoy evocando mientras miro un viejo retrato con su sonrisa sincera. Pero la foto no me habla, no me escucha... ¿Quién leerá esto algún día para que sepa alguien lo que yo siento en mi amarga soledad? ¿A quién le importa la vida del otro? Si yo muriera en este instante, seguramente este papel pasaría a ser solo un bollo que terminaría en un cesto de basura, llegaría luego al basural y así, una vez quemado, volarían sus cenizas y mi sentir por el mundo. Ella nunca lo leería. Ella, la inspiradora y causante de todo esto, jamás se enteraría de cuánto la quise. Si muriera ahora, nadie, absolutamente nadie, podría decirle que yo estaba loco. Muchos me miran al pasar frente a la ventana abierta de mi habitación. Sospecho sus pensamientos: Ese tarado está todo el día leyendo y sin hacer nada productivo... Y es cierto. Leo y me evado todo el día en los mundos de ficción como un protagonista más. ¿Qué otra cosa hacer para no pensar en ella, en mi soledad?
¿Por qué te fuiste dejándome solo en esta ciudad triste y solitaria? Caminar bajo este cielo gris que me dejaste ya no tiene sentido. Mis ojos ya no ven otra cosa más que tu cara y tu cuerpo en todas partes. ¿Dónde encontrarte? Me canso de golpear en la puerta de tu departamento y nadie me contesta...
Ella no está... Ya no me escucha, ya no me mira, ya no me siente. Sencillamente, no está. Y deambulo por las calles del mundo buscándola. Si ella me viera escribir esto... Si ella me viera llorar su ausencia...

4 comentarios:

  1. Una prosa muy triste y muy desesperada. No funciona la música, pero encontré ese tango entre mis cosas y lo escuché mientras tanto. Él y estas palabras se hacen linda compañía. Linda y nostálgica, como la esencia del tanto, como esa melancolía que fluye entre sus versos y tu texto.

    Cariños!

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  2. Tenés razón. No funcionaba la música. Ahora creo que lo arreglé. Un beso

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  3. Hola, perdón por escribirte por este medio, somos una red de librerías de usados www.buscaslibros.com y estamos recopilando información sobre blogs literarios para publicarlos en nuestra página. Ya hemos registrado tu blog para compartirlo con nuestros usuarios dentro de poco. Saludos y si buscas libros agotados, raros, etc, te esperamos por allá!

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  4. Las ausencias son espantosas. A veces creo que hay personas que aparecen y desaparecen, para complicarnos la vida.

    Se también que en la ausencia la necesidad se agudiza, se hace obsesión.

    Quizás a vos, a mí y a muchas almas perdidas, nos sirva pensar que también nosotros somos añorados por otros que no recordamos, que olvidamos, que no quisimos lo suficiente.

    Pero en el letargo de los días inescrupulosamente aciagos, nos tenemos a nosotros mismos, por suerte...aunque sea a nosotros mismos.

    Te beso y te abrazo, siendo para mí muy bueno encontrarte.

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