
La escritura es una actividad solitaria. Quien escribe no hace otra cosa que gritar en silencio. A veces logra que alguien lo escuche, pero no siempre que lo entienda (fideo)
miércoles, 29 de diciembre de 2010
sábado, 11 de diciembre de 2010
DÍA NACIONAL DEL TANGO

POR QUÉ CANTO ASÍ
Pido permiso, señores, este tango habla por mí, y mi voz entre sus sones dirá por qué canto así.
Porque cuando pibe me acunaba en tango la canción materna pa' llamar el sueño, y escuché el rezongo de los bandoneones bajo el emparrado de mi patio viejo.
Porque vi el desfile de las inclemencias con mis pobres ojos llorosos y abiertos, y en la triste pieza de mis buenos viejos cantó la pobreza su canción de invierno.
Y yo me hice en tangos, me fui modelando en barro, en miseria, en las amarguras que da la pobreza, en llantos de madre, en la rebeldía del que es fuerte y tiene que cruzar los brazos cuando el hambre viene.
Y yo me hice en tangos porque... ¡porque el tango es macho!, ¡porque el tango es fuerte!, tiene olor a vida, tiene gusto... a muerte.
Porque quise mucho y porque me engañaron, y pasé la vida masticando sueños. Porque soy un árbol que nunca dio frutos. Porque soy un perro que no tiene dueño. Porque tengo odios que nunca los digo. Porque cuando quiero me desangro en besos. Porque quise mucho y no me han querido. Por eso, canto tan triste... ¡por eso!
Celedonio Esteban Flores (1896/1947)miércoles, 8 de diciembre de 2010
JOHN LENNON: LAS IDEAS DE UN “LOCO”



sábado, 4 de diciembre de 2010
sábado, 27 de noviembre de 2010
¿TE ACORDÁS?
domingo, 14 de noviembre de 2010
LA BALSA

La letra de La balsa es la inspiradora de todo un movimiento joven caracterizado por una construcción utópica. Es, además, una canción netamente metafórica.
Cabe aquí hacer una pequeña reflexión sobre el yo lírico en las canciones de rock, ya que no tiene por qué coincidir con la persona que la crea o la canta. Como toda práctica artística, el rock “inventa” sus personajes y sus voces. Es cierto que la mayoría de los temas se producen a partir de la experiencia personal de los autores de las letras, incluso en algunos casos hay referencias biográficas claramente reconocibles; sin embargo, el hablante de una canción es un ser inexistente construido por la actividad artística. Es interesante notar que si bien se trata de un personaje que por lo general habla en singular, desde su individualidad, la práctica rockera lo convierte en algo así como un personaje colectivo a partir del cual, tanto los que producen como los que consumen rock, se identificarán.
La voz poética de La balsa describe su posición en el mundo actual (Estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado): está solo, triste, en un mundo que no lo comprende, situación que lo lleva a desear otro mundo, un mundo para sí, un mundo alternativo como contraposición al que está viviendo, un mundo utópico capaz de hacerlo vivir conforme a sus ideales. Para ello debe “partir” y nada mejor que “construir una balsa” para “irse al lugar que más quiera”. ¿Qué otra cosa es esta balsa sino un proyecto de vida? ¿Qué representa esta balsa sino el “vehículo” que lo conducirá a la felicidad anhelada? Balsa a la que construirá con “madera”, mucha madera, materia prima indispensable para construir el futuro, la felicidad, su desarrollo individual. ¿No está esta materia prima compuesta por toda la gente que piensa como el yo lírico? ¿No son todos sus amigos y seres queridos? ¿No son los fundamentos lógicos de su proyecto? ¿No está compuesta esta materia prima por todo aquello que contribuya a lograr el sueño? Porque “partir” es el cambio. No es mudarse, irse a una isla lejana, aislada. La “locura” consiste en ser diferente, la “locura” significa ir contra la corriente, probar experiencias diferentes, convencido de que es una posibilidad válida, de que algo se puede hacer para cambiar el mundo en que se vive. Partir es cambiar el presente por el futuro. La rutina causa soledad, aburrimiento, parquedad, conformismo, estancamiento, y es eso lo que lo mueve al cambio. Todas estas ideas utópicas son parte de esa locura que se manifiesta en la canción. La idea de “naufragio” no debe tomarse como una derrota, co

Todo esto hizo que La balsa haya sido tomada como punto de partida de un movimiento que revolucionó las ideas jóvenes durante la segunda mitad del siglo XX en nuestro país, movimiento que inventó un “idioma”, “cambió” la lengua, los modos de pensar de una sociedad. Este mecanismo nace en el “naufragar” de La balsa y se mantiene en la actualidad como una de las fuerzas transformadoras más eficaces que tiene el rock como práctica verbal. El rock argentino proveyó –y provee- al habla de los jóvenes algunas palabras capaces de producir relaciones no convencionales con las formas de dar sentido a las cosas.
No en vano La balsa es considerada la iniciadora del rock nacional. Una letra que parece simple pero que tanto dice. Nadie (ni autores, ni intérpretes, ni oyentes) puede decir que La Balsa no influyó un poco en su vida, en su forma de ser. La balsa, a mi entender, es la base donde se sostiene la idiosincrasia de nuestro rock nacional.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
VOX DEI: Presente (el momento que estás)
El baterista de Vox Dei se encontraba internado debido a un cáncer de pulmón; tenía 63 años
A las nueve de la mañana del día en que se iba a realizar un concierto para recaudar fondos para que pudiera recuperarse (pero que había sido cancelado por la gravedad de su estado de salud), Rubén Basoalto, baterista fundador de Vox Dei, falleció debido a un cáncer de pulmón. Tenía 63 años.
"El Pulpo" Basoalto constituyó la formación original de la mítica banda conformada en 1967, con Ricardo Soulé y Willy Quiroga, sus compañeros que iban a estar participando del festival benéfico junto a otros músicos y posteriores integrantes de la banda.
jueves, 21 de octubre de 2010
CARBAJAL, José: La música popular de luto
José María Carbajal Pruzzo (Puerto Sauce, Juan Lacaze, 8 de diciembre de 1943 - Villa Argentina, Canelones, 21 de octubre de 2010), conocido como "El Sabalero", fue un cantante, compositor y guitarrista uruguayo, autor e intérprete de varias canciones exitosas como Chiquillada, A mi gente y La Sencillita.
viernes, 15 de octubre de 2010
ALMENDRA: Muchacha ojos de papel
martes, 12 de octubre de 2010
EL ÚLTIMO ADIÓS

-Júpiter... -dijo una voz triste y dulce.
Comenzó a escuchar un poco mejor. Los murmullos se iban convirtiendo en palabra sueltas que ahora sí entendía. Unos perros enormes... y más murmullos. Era una perra..., pensó él mientras el murmullo lo contradecía. Como cinco... lo agarraron entre todos..., escuchaba. Era una perra hermosa..., siguió pensando. El veterinario... y murmullos.
Abrió los ojos lo más que pudo. Lo hizo con dificultad pero pudo hacerlo al fin. De reojo miró hacia arriba y la nebulosa se le fue aclarando de a poco hasta reconocer la cara llorosa de Pedro que lo miraba y le acariciaba suavemente su cabeza. Por fin lo habían ido a buscar. No alcanzó a cerrar los ojos. Un rápido estremecimiento fue el principio de su eternidad.
sábado, 9 de octubre de 2010
jueves, 30 de septiembre de 2010
AQUELARRE: Pájaro de la locura

Héctor Starc: guitarra
Hugo González Neira: teclados
Rodolfo García: batería
domingo, 26 de septiembre de 2010
GENTE DE MIERDA

Llegás tarde, unos minutos. Te da bronca porque sabés que los que hacen todo bien y siempre llegan a horario —incluso mucho antes del horario acordado— te esperan, ansiosos, para hacerte sentir una auténtica basura. Y así pasa, no te equivocás con el pronóstico, y cuando llegás, automáticamente todos miran su reloj pulsera y te largan la obviedad: “Llegás tarde”. Masticás un poco tu bronca porque podrían haberse ahorrado el estúpido comentario. No entienden cómo llegás tarde, cuando ellos pueden llegar cuarenta y cinco o cincuenta minutos antes. No entienden cómo vos te levantás cuando ellos ya se tomaron dos pavas de mates e hicieron todo lo que tenían programado para hacer en la mañana. No entienden cómo preferís quedarte en tu casa, con los tuyos, cuando ellos tranquilamente salen (se escapan) de la suya antes del amanecer para no encontrarse con su familia.
No te comprenden.
Su atención está en lo que vos hacés y esperan, impacientes, el momento del error. Ellos te vigilan de reojo y se sienten satisfechos cuando con una sonrisa te advierten el yerro. Ellos no se equivocan nunca, porque nunca hacen nada. Pero si se equivocan, el error no les pertenece; se lo adjudican a otro. Y siguen esperando el tuyo.
Si se enteran antes que vos de una noticia o información “importante” (por ejemplo, qué negocio abrió o cerró en el centro), te lo refregarán en la cara porque ellos saben todo. Si no conocés a fulanito, el esposo de la tarada que vive en frente de la casa roja que está cerca de la casa de mengano, el pelado dueño del restorán X, vivís en una “nube de pedo” y tu vida no tiene sentido. Pero te insisten porque seguro que lo conocés, no podés no conocerlo, no podés ser tan tarado.
Y ojo con portar título universitario. Porque el Dr. Pepe y la Dra. Pepa no saben nada. “¡Profesionales… puaj! Hoy cualquier estúpido se recibe y le dan un título”. ¿Tu hijo sacó mala nota, le pusieron amonestaciones o te llamaron para una reunión de padres? “Docentes y basta. Son todos unos tarados, no saben ya qué boludez hacer. ¡Así está la educación en este país!”. Y te refriegan que ellos jamás fueron a una reunión de padres porque sus hijos eran perfectos… o porque directamente no tienen hijos, pero seguramente no hubiesen ido porque sus hijos hubiesen sido perfectos, o casi. Además, nunca sintieron la necesidad de tener un título universitario… Para ser buenas personas, no es necesario tener uno, aducen con orgullo.
Y son guardianes del orden social. No dan marcha al auto sin antes tener su cuerpo sujetado al cinturón de seguridad. Por su seguridad y la de los demás. Seguro que vos no lo hacés. Clasifican la basura orgánica e inorgánica y la sacan en los días que corresponde, a la hora que corresponde, en la bolsa que corresponde, con el peso que corresponde y la colocan ordenadamente en el canasto, como corresponde. Seguro que vos no lo hacés. Caminan derecho, con la frente alta, seguro de sí mismos (no con las manos en los bolsillos y sin apuro) y jamás cruzarían una calle si no es por la senda peatonal de las esquinas. Vos jamás lo hacés ni lo harías. Tienen los impuestos abonados al día y no cometen infracciones. ¿Vos los pagás? ¿Usás casco cuando vas en moto? Después no te quejés cuando te hagan la multa. ¡Bien puesta estará! Condenan a los que consumen alcohol (sean mayores o menores de edad) y opinan/dictaminan a qué lugar pueden ir, a qué hora entrar, a qué hora salir, cómo ir vestidos y cómo comportarse en el interior del lugar. Festejan por cada clausura de bar, confitería bailable, pub o cualquier lugar donde la juventud se junte a divertirse. No soportan la alegría ajena.
¿Gastaste mucha luz? ¡Y si tus hijos están todo el día con la computadora encendida! ¿Mucho gas? ¡Si no hace frío! No entienden cómo podés tener los calefactores encendidos todo el invierno. ¿Hacés baldear la vereda de tu casa en los días y horarios no permitidos? Piensan en denunciarte, seguro, pero se conforman con martirizarte: “Cuando en el verano no haya agua, ya sé de quién me voy a acordar…”, te refriegan en la cara.
¿No te alcanza la plata? ¿Cuánto ganás? ¿En qué la gastás? ¿Cómo puede ser? ¿No llevás un control? ¿Cuántas veces vas al supermercado en una semana? Hay que ir solo los viernes, o los jueves, un solo día a la semana. Si vas todos los días, obvio que no te va a alcanzar la plata. ¿Para qué comprás comida hecha? Además, si salís a comer afuera, después no te quejés.
Te quejaste del calor, o del adoquinado, o del tránsito. O se te ocurrió manifestar un sentimiento de melancolía por extrañar tu ciudad natal. Lo hiciste inconscientemente pero de corazón. Inmediatamente sonríen, se refriegan las manos con ganas y con el tonito más hiriente que pueden encontrar, te la mandan a guardar sin anestesia: “¿Por qué no te volvés a tu ciudad, que allá está todo lindo? ¿Qué hacés todavía acá?”.
Son todas personas correctas, a no dudarlo. No dudan en decirte “salud” apenas estornudás; no discriminan jamás, son “derechos y humanos” (aunque esta ciudad se llenó de villas miserias; en el centro está lleno de negros y no se puede caminar tranquilo; los que vienen de afuera hicieron crecer la inseguridad; la culpa es del gobierno porque les da casas; estamos trabajando para usted…); jamás se olvidan alguna pertenencia en su lugar de trabajo ni dejan pasar ningún compromiso por alto: está todo debidamente agendado.
Se alegran cuando llueve, pero que no caiga tanta agua porque eso le hace mal a la soja, y además, con mucha agua en el piso no se puede cosechar. Y en épocas de sequía viven con la cara larga, preocupados. Seguramente se va a perder la cosecha. Y ni hablar del precio de los tractores, de los insumos y de los impuestos que deben pagar los dueños de la tierra. No son dueños de la tierra y nunca lo serán, pero hay que ver lo solidario que son con esas pobres personas...
Viven pendientes del servicio meteorológico, esperando eternamente que llueva en época de sequía o que salga el sol en épocas de lluvias. Nunca están conformes y siempre esperan el cambio de luna para que se produzca alguna modificación en el tiempo. O para cortarse el pelo. Si el cielo se pone negro, trae piedra: si está rojizo, viento. Si el viento es del oeste, trae lluvia; si es del sur, frío; si es del norte, calor; si es del este, peste. No obstante ello, el 95% de sus predicciones son incorrectas.
Y cuando después de pensar y pensar en todo esto no abrís la boca, estás ensimismado, te machacan que sos un aburrido, mala onda y “¡siempre con la misma cara de culo!”. Cuando hablás se sorprenden: “¡Ah! ¿Te despertaste por fin?”. Y querés mandarlos a la remierda pero te aguantás, ahorrás saliva y no desperdiciás tu atención en ellos, por eso seguís guardando silencio y pensando que querés vivir tu vida con quien vos realmente querés vivirla, la vida que vos querés y elegiste vivir, lejos de esa gente de mierda.
jueves, 16 de septiembre de 2010
domingo, 5 de septiembre de 2010
DOLINA, Alejandro: La decadencia de la amistad (fragm.)
A los once o doce años, uno empieza a hartarse de la familia y encuentra que los muchachos de la esquina son mucho más divertidos que el tío Jorge. Durante más o menos una década nadie estará más cerca de nuestro corazón que esos muchachos. Y si uno quiere aprovisionarse de amigos, debe hacerlo en ese período. Después será demasiado tarde.
Sucede que en cierto momento de la vida uno descubre que esta rodeado de extraños: compañeros de trabajo, clientes, acreedores, vecinos y cuñados. Los amigos de verdad están lejos, probablemente encerrados en círculos parecidos.
Algunos empecinados insisten en cultivar amistades nuevas. Los matrimonios maduros se visitan mutuamente y desarrollan pálidas parodias de la amistad verdadera: se cuentan una y otra vez episodios antiguos, vividos con los amigos viejos, que ya no están. Cuando uno es joven no cuenta historias a sus amigos: las vive con ellos...
sábado, 28 de agosto de 2010
CLAPTON, Eric: Tears In Heaven
domingo, 15 de agosto de 2010
MUÑIZ, Juan Carlos: No sé si era feliz

Juan Carlos Muñiz
miércoles, 11 de agosto de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
viernes, 23 de julio de 2010
NERUDA, Pablo: Oda al hombre sencillo

miércoles, 21 de julio de 2010
martes, 13 de julio de 2010
POR LA VENTANA VEO PASAR LA GENTE

Cuando por la ventana veo pasar la gente me pregunto qué estarán pensando. Siento envidia al verlos caminar con paso seguro. Este sentimiento nace al no saber cuál es mi camino. ¿A dónde voy? ¡A ningún lado! No puedo dirigir mis pasos a lugar alguno porque no me siento libre, no me siento capaz de decir adiós a todos los que me rodean e irme a divagar por el mundo. Hay algo que me ata, algo que me detiene. Es algo que no comprendo, es una fuerza que me sujeta, que me hace regresar siempre a mi hogar.
Autos que pasan por la avenida, gente que pasa por la vereda. Nadie me ve. Todos pasan indiferentes, nadie repara en mí. De vez en cuando una viejita me saluda. Los chicos, cuando me ven en la ventana del cuarto, generalmente me hacen burla. Y yo sin poder hacer algo, sin poder siquiera gritar. ¡Qué inútil me siento a veces! No tengo ni el derecho de expresar mis deseos. Bronca siento al pensar que no puedo, aunque sea, putear a los imbéciles que se burlan de mí. Si no fuera por esas malditas rejas de la ventana... Pero trato de no pensar en ellos: prefiero pensar en los que son como yo. Somos muchos en el mundo, pero a la mayoría nos tienen marginados. Siempre detrás de las rejas, de los muros. Estamos privados de la palabra. Será por eso que pensamos tanto. Todo el día buscando un porqué. Todo el día mirando pasar gente a nuestro lado sin poder decir algo, sin poder saludar. Solo una mirada o dos, nada más. ¿Y ellos? Nada. Nos miran, sonríen, murmuran alguna idiotez y siguen su camino. Yo quisiera decirles lo que pienso...
Estoy flaco porque como poco. Es que hay veces que prefiero estar tirado en el sofá del living o en el mismo piso fresco y no responder al llamado del almuerzo. Como lo suficiente, como para seguir vivo, nada más. ¡Y si para eso estamos! Sobrevivir es la palabra justa. Pero hay días en que no como y me desespero. Pienso mucho y creo que esa es otra de las cosas que me quitan el hambre. Yo sería un buen dietista. Adelgace pensando, sería el eslogan. ¿Su problema son los kilitos de más? ¡Piense! Me llenaría de guita. Pero mi destino está aquí, en esta casa, con mi familia, pensando las tres cuartas partes del día mientras miro por la ventana a la gente pasar.
Quizás haya alguien que se digne a pensar en mí aunque sea un minuto y se pregunte: ¿No se cansará de estar siempre ahí? Quizás también agregue con cara de lástima: ¡Pobre!... O si no, con un poco de maldad ese alguien piense: Se debe conocer vida y obra de todo el barrio... Pero hasta con esa duda me tengo que quedar: la de saber si hay alguien que piensa en mí. ¿Por qué estaré tan solo en este mundo idiota? Mi familia se limita solo a pasarme la comida y, muy de vez en cuando, me sacan de esta maldita casa y me llevan a pasear. Necesito alguien que me comprenda, alguien que sea como yo, que piense como yo. Alguien con quien compartir las horas mirando por la ventana. Sí, eso: una novia, una compañera. ¡Qué feliz sería! Seríamos dos en la misma situación y la vida se haría más llevadera. En el barrio no faltarían las murmuradoras de siempre. Pero no me importarían. Yo sólo busco mi felicidad. Yo sólo quiero estar con alguien con quien compartir mis penas y mis pocas alegrías. No puedo soportar la idea de volverme viejo y no poder sentirme libre, contento. No soporto la idea de saber que algún día moriré sin haber vivido a pleno la vida. Esta ventana y esta calle me van a graduar de filósofo existencialista.
¡Ni amigos tengo! Nadie con quien mirar de noche el cielo estrellado. Nadie con quien compartir un plato de comida ni un poco de agua. Nadie a quien contarle mis secretos, escuchar los suyos, reír o llorar juntos, correr por el césped sintiendo un poco más libre nuestra vida. Nadie que me diga que todo esto es así porque sí, que me haga ver con otros ojos la realidad. Nadie con quien pelearme y reconciliarme. No tengo a nadie. Estoy solo y sin amigos. ¿Tendrán amigos todos los que veo pasar por la calle? ¿Existirán los amigos?
Por la ventana veo pasar la gente. Y es esa misma gente la que ve pasar los días de su vida sin darse cuenta de que poco a poco se va muriendo. Es esa misma gente la que no se da cuenta de que el mundo sigue dando vueltas sin detenerse y que ellos son los que giran junto con él. Es la gente que pasa frente a mi ventana y no me ve. No se dan cuenta de que mientras ellos envejecen y se van muriendo poco a poco con sus problemas cotidianos, yo también me voy muriendo lentamente, pero de aburrimiento, de tristeza, de soledad.
¡Qué vida de perros me tocó vivir! No hago más que ladrar y mover la cola con alegría, siempre festejando a los pocos que me acarician. Siempre perdonando a todos cuando me pegan o cuando me retan porque me escapé de casa. Siempre moviendo la cola para que me tiren un hueso o algo para comer. ¡Así es la vida! Unos nacen hombres, otros nacemos perros. No hago más que ver la gente que pasa por la calle desde mi ventana. Siempre hay que mover la cola o bajar la cabeza... ¡Júpiter, a bañarse!... Y obedecer.
sábado, 10 de julio de 2010
domingo, 4 de julio de 2010
TOMÁ, VIEJO, SEGUÍ TOMANDO…
—El viejo está pagando muy cara su bondad —me dijo con lágrimas en sus ojos todavía inocentes. Lo vio apoyado en el mostrador de la gorda D’Amico, apenas sostenido por sus piernas temblorosas, con su vaso de vino tinto en la mano, a medio tomar. Era el cuarto de la tarde. La gorda no quería darle tanto, pero si le negaba una copa, el Chueco se ponía violento y rompía todo lo que tenía a mano. Al Chueco era preferible tenerlo borracho y manso.
Estábamos sentados en una de las mesas del fondo del bar desde hacía media hora. Verónica había llegado buscando al Chueco y al verlo en esas condiciones no supo qué hacer. No había noche que al Chueco no lo sacaran a punto de desmayarse y vomitando bilis. La vi mal y la invité a la mesa. Sentí algo en mi interior que no puedo explicar.
—No es fácil para mí verlo así, pobre viejo… —sollozó.
Años atrás, la sonrisa era constante en el Chueco. Era siempre él el que contaba un chiste para cambiarnos las manos malhumoradas, o el primero en proponer un brindis por algo, por lo que sea, por lo primero que se le ocurriera. Nunca había tomado más de un vaso por tarde. No le gustaban, además, las bebidas blancas. ¡Y siempre bien vestido!
—Mírelo —me dijo—, se le caen los pantalones…
Yo no hablaba. ¿Qué podía decirle a una piba de dieciocho años que miraba a su padre desde un rincón? El Chueco quiso sentarse en una banqueta pero trastabilló y cayó sentado en el piso. Verónica se paró instantáneamente para ir en su ayuda pero un potente grito de su padre lanzado al aire la detuvo:
—¡Que nadie me ayude, carajo! ¡Yo me arreglo solo!
Le pedí que se sentara, que se tranquilizara. ¿Qué iba a hacer? Tanto ella, yo, como todos los que estábamos allí presentes conocíamos al Chueco, y sabíamos que era inútil hacerlo salir del bar mientras tuviera un poquito de conciencia.
Verónica sacó un pañuelo de su bolso e impidió que una nueva lágrima escapara de sus ojos.
Yo sabía que el Chueco se había separado de su mujer y sabía el porqué. Había sido un escándalo, media ciudad lo sabía, pero él jamás, ni en su peor borrachera, había hecho mención alguna al caso.
—No es justo… —murmuró Verónica.
Recuerdo que dieciocho años atrás —ya nos conocíamos con el Chueco, ya éramos amigos— llegó al bar gritando de alegría, sonriendo como nunca, solicitando felicitaciones hacia su persona. Nunca antes lo habíamos visto así, tan desbordado.
—¡Nació Verónica! ¡Verónica Antúnez, carajo!
Qué feliz estaba… Y lo mismo pasó cuando nacieron Natalia y Carina, sus otras dos hijas.
—¡Un harem tengo! —gritaba loco de contento.
Pero un día, el mundo se le vino abajo al Chueco.
—El pobre sufrió mucho —me dijo Verónica, que no podía evitar el brillo en sus ojos—. No se merecía lo que le hicieron.
Yo no quise preguntar. No quería que justo su hija fuera la que me contara la verdadera historia. Pero no me animé a decirle que se callara cuando comenzó a hablarme. Noté en ella una necesidad imperiosa de hacerlo, aunque hiciera apenas unos cuantos minutos que me había conocido.
—Ni siquiera lo sospechaba. Mamá se había encargado muy bien de disimularlo…
Tomó el pañuelo nuevamente y secó sus lágrimas. Entre sollozos siguió:
—Andaba con ese hijo de puta que se decía amigo del viejo… ¡Amigo! ¡Si el mismo diablo era!
No podía quitar la vista de su padre mientras hablaba. Sufría con cada uno de sus torpes movimientos.
—Si se hubiese enterado él solo, si los hubiese sorprendido él mismo juntos, quizás el horror hubiese sido, si no menor, más soportable. ¡Pero se enteró por el diario! Claro, se cuidaron muy bien de no publicar los nombres, pero luego se enteró. ¡Su esposa! ¡Su propia esposa, con la que creía estar viviendo todavía una luna de miel! Espero no estar nunca en el lugar del viejo…
La invité con un café y solo aceptó un vaso de agua.
—Nosotras, sus hijas, no supimos lo que había pasado entonces hasta hace poco tiempo. ¡Qué nos íbamos a imaginar semejante vergüenza!
Me sorprendió lo del diario. Una infidelidad no era común que tomara estado público a través de un medio de comunicación.
—Todo el mundo se enteró de eso. ¡Pobre! No solo los encontraron en su lugar de trabajo sino que fue necesario también llamar a un servicio de emergencias…
No lo sabía. Me pareció terrible. Miré al Chueco y también me dieron ganas de llorar.
—Mamá no volvió a casa. No volvió a vernos desde aquel día... Cinco años hace…
No podía mirarla a los ojos. No lo soportaba. Ni Verónica ni sus dos hermanas menores merecían eso. Menos el Chueco, que acababa de caerse nuevamente al piso para levantarse inmediatamente a las carcajadas mientras pedía a la gorda D’Amico otro vaso de tinto.
—Tomá, viejo, seguí tomando si eso te hace olvidar… —murmuró.
miércoles, 30 de junio de 2010
viernes, 25 de junio de 2010
domingo, 13 de junio de 2010
lunes, 31 de mayo de 2010

Nos juguemos o no nos juguemos:
el problema, en todo caso,
no consiste en morirse joven,
sino en haber vivido al pedo".
Francisco “Paco” Urondo
(Santa Fe, 1930/1976)
sábado, 29 de mayo de 2010
ARCO IRIS: Sudamérica o el regreso a la aurora
Guillermo Bordarampé: bajoGustavo Santaolalla: guitarra y voz
Horacio Gianello: batería y percusión
jueves, 20 de mayo de 2010
SOCIEDAD COLONIAL

Pedro debía aprender que la población blanca de aquella época formada por los españoles y sus descendientes (los criollos) ocupaba una posición privilegiada. Se consideraban superiores por el color de su piel, por su riqueza y sus costumbres. Eran los blancos ricos, dedicados al comercio o propietarios de grandes estancias, un grupo muy pequeño de familias emparentadas entre sí. Se llamaban a sí mismos “la gente decente”.
Que los mestizos (mezcla de indígenas y españoles) eran vendedores ambulantes. Los indígenas —los verdaderos dueños de la tierra— fueron los más perjudicados por la llegada de los conquistadores, que los dominaron por la fuerza ya que poseían armas de fuego y caballos, desconocidos en estas tierras.
Que en el último estrato social estaban los mulatos y negros, que eran considerados, o mejor dicho, no eran considerados seres dignos. Eran esclavos que la clase dominante podía comprar y vender a su gusto.
Mientras Pedro leía yo pensaba en la gente que por estos días tenían que hacer interminables colas para poder gestionar un subsidio nacional. Y en mis oídos resonaron palabras dichas en pleno siglo XXI que bien podrían haber sido dichas en la época colonial.
“Hay que ver la mugre que dejan en la vereda cuando se van y hay que limpiar todo…”, murmuró una mujer indignada.
“Son negros que nunca laburaron ni lo van a hacer mientras sigan dando subsidios y casas gratis”, aseveró un cincuentón muy bien vestido mientras miraba la larga cola desde la vereda de enfrente.
“¡Hay un olor a jaula!”, dijo despectivamente una profesional del Derecho luego de pasar por al lado de la larga cola y mientras ingresaba al edificio de los Tribunales.
“Griten `¡A trabajar!` y van a ver cómo salen todos corriendo y no hay más colas”, comentó un funcionario público mientras se aflojaba la corbata que lo ahorcaba.
“¡Que agarren la pala!”, sugirió despectivamente alguien que nunca la había agarrado en su vida y sin embargo tuvo mejor suerte que cualquiera de los que hacían la cola.
“Es una vergüenza”, se quejó un joven de veinte pero con mente de ochenta mientras abría sus brazos nerviosamente, sin pensar que no eran ellos los culpables de esa situación.
“Esto no da para más, tiene que explotar de alguna manera”, sentenció un gorila nostálgico de vida contemplativa y cómoda, mientras deseaba que una mano dura se hiciera cargo de la situación.
Pedro siguió leyendo: “Era difícil que la clase acomodada se relacionara con los blancos más pobres y más raro aun que lo hicieran con los mestizos, mulatos, indios o negros”. Detuvo la lectura, pensó y me planteó: “Si los españoles, los blancos, no se relacionaban con los indígenas y negros, ¿de dónde salieron los mestizos y los mulatos?”.
Intenté una explicación acorde a un niño de nueve años y no pareció entender.
Es evidente que el pensamiento de la "gente decente" del siglo XVI cinco siglos después sigue vigente, y que los que por entonces eran el último eslabón de la sociedad, todavía lo siguen siendo.
martes, 18 de mayo de 2010
sábado, 15 de mayo de 2010
miércoles, 12 de mayo de 2010
GELMAN, Juan: El animal
Cohabito con un oscuro animal. Todo lo que hago de día, él de noche me lo come. Lo que hago de noche, me lo come de día. Lo único que no me come es la memoria. Se encarniza en hacerme recordar hasta el más chico de mis errores y mis miedos.
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No lo dejo dormir.
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Soy su oscuro animal.
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