Es posible que mañana muera y en la tierra no quedará nadie
que me haya comprendido por completo.
Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy.
Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla.
Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas.

Mijail Iurevicht Lermontov


viernes, 21 de noviembre de 2014

DISPAROS

. A la memoria de H.Q.
.
. No sé muy bien por qué estoy acá, si todo fue un accidente... Todavía los oídos me palpitan por la explosión. Federico me había apuntado sin querer mientras le pasaba el trapo al cañón. Le dije que tuviera cuidado, que no apuntara, y me contestó riendo: ¡Cagón! ¡Está descargada!... Por las noches todavía escucho los disparos y me despierto sobresaltado. Los escucho de día también. Sus rostros se me aparecen en los espejos, a través de las paredes. A mi padre lo conozco por el retrato pintado que siempre estuvo colgado en la pared de la sala. Lo imagino bajando de la canoa con esa escopeta. Y escucho una y otra vez el disparo. Y me veo dentro de unos años con la misma escopeta en mis manos... Yo no le disparé a propósito a Federico. Primero a la escopeta la tenía él. Él era el que le estaba pasando el trapo por el cañón. Yo limpiaba la funda y acomodaba los cartuchos en la caja. Pero se la saqué. Ya me había apuntado varias veces sin querer y no me había gustado nada. Mi madre tampoco tuvo la culpa del ataque de apoplejía de Ascencio, mi padrastro. Y menos yo, que lo encontré ahí, recién muerto por propia voluntad. ¿Por qué me dejan solo? Y ahora vos, Federico. Te dije, a las armas las carga el Diablo, y te me reíste en la cara. Cagón, me dijiste. Te sacudí para que me dijeras que estabas bien, pero tamaña herida y el hilo de sangre que bajó de tus labios fueron suficientemente expresivos. El olor a pólvora y el charco de sangre me descompusieron. Tuve ganas de vomitar e intenté salir corriendo, pero una mano en la frente me lo impidió. Disparos y más disparos. Me pregunto cómo será morir de un tiro en la cabeza. Me pregunto si el cianuro no será menos violento, menos doloroso, más romántico... A Federico se le dieron vuelta los ojos y yo le grité: ¡¿Estás bien?! ¡Contestame! Pero todo fue inútil. Todavía nadie me preguntó nada. Solo me trajeron a los empujones hasta aquí sin escuchar mis explicaciones. Maldita escopeta. Mi madre la tendría que haber tirado o regalado cuando lo de mi padre. Pero no. El destino funesto de ese cañón no me va a dejar dormir más. Las detonaciones me persiguen. No soporto más estar acá encerrado. ¿A quién le digo que fue un accidente? ¿Cuándo me van a escuchar? Federico me apuntó... Y me dijo que el Diablo nada sabe de armas. Y se la saqué. Tironeé con él y escuché el disparo. No gritó. Ni siquiera gimió. Como si se hubiera dado cuenta de que no fue culpa mía. Sólo se desplomó en el suelo y yo alejé la escopeta de Federico... pensando quizás que él hubiese querido vengarse, dispararme... Y cuando sentí en la boca mis entrañas, la gente de la casa comenzó a llegar. Todo sucedió tan rápido que no sé si lo voy a poder explicar. Los disparos siguen sonando en el aire y mi padre, mi padrastro y Federico me miran a través de las rejas. Pasan unos segundos y se van diluyendo en las penumbras, se van alejando, me van abandonando definitivamente. Estoy solo como siempre lo estuve y quizás siempre lo estaré. No quiero escuchar nunca más disparos de escopeta. ¡Por favor, que alguien venga y me diga: Oiga, Quiroga, ¿qué fue lo que pasó?!

5 comentarios:

  1. Muy bueno Felis. El hecho de que esté narrado sin apartes le da un tinte interesante, raramente para nada perturbador. Me gustó mucho. (vuelvo a encontrarme con la posibilidad de una doble interpretación)
    Cariños!

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  2. hermoso felis. Le cuento que se me habia borrado el blogroll del nosoylo... y al armarlo me di cuenta que tenia mas ganas de poner su blog que el de leer, el otro. Es que cualquiera puede poner buenos cuentos de otro, pero el suyo tiene el plus del propio riesgo.
    Ademas le voy a pedir un gran favor. Hace mucho que quiero volver a leer un poema de mi adolescencia. Se llamaba las noches blancas de la ciudad de Arcangel y era de Eugeni Ievstuschenko, y nunca lo volvi a encontrar. Me acuerdo con nostalgia de un verso de ese poema (que hablaba de sabanas blancas) donde decia que las noches son como un quiza.
    perdone el atrevimiento, pero tambien es un anzuelo. Para pescar un gran pez perdido en el mar de los poemas perdidos.

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  3. ¡Qué bueno eso del "plus del propio riesgo", Nilda. Es realmente lo que siento: riesgo. Gracias por el comentario y tendré en cuenta tu pedido.
    Sol: estás siempre ahí. Simplemente, gracias.

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  4. Ah, Felis!.... No me equivoqué, el ESCRITOR está ahí, tan cerca y tan lejos, está y escribe y hace doler,pero no, no es perturbador lo que escribe, es suavemente inquietante, como cortinas de seda moviéndose cuando uno piensa que el viento que viene es de tormenta.... He estudiado todo lo que pude la vida de H:Q:, y esto es precisamente lo que imagino diría. El ESCRTOR... Sí, sos vos, con poco tiempo y todo.... Esplendidez... Déjame con las palabras así.....

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  5. Gracias, Rosita, por tus palabras sinceras

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